La Comisión Europea (CE) parece decidida a endurecer las regulaciones sobre el vapeo, ignorando estudios científicos y datos de sus propios estados miembros que señalan la eficacia de estos productos como herramienta para dejar de fumar. A pesar de su objetivo declarado de erradicar el tabaquismo y las enfermedades relacionadas, planea implementar más restricciones a los dispositivos de vapeo, lo que ha generado controversia.
Entre las nuevas medidas propuestas, la Comisión Europea (CE) busca extender las áreas libres de humo a zonas al aire libre, como parques infantiles, piscinas, parques temáticos y terrazas, con la novedad de que incluirían también el vapeo. Este plan actualiza la normativa de 2009, que se centraba principalmente en productos tradicionales de tabaco. La Comisión argumenta que estas medidas son cruciales para proteger a los no fumadores de la exposición a emisiones de productos de tabaco calentado y vaporizadores, tanto en lugares cerrados como en áreas recreativas al aire libre donde hay niños.
A la vez, la propuesta pretende imponer restricciones más severas sobre los productos de vapeo, con o sin nicotina, buscando disminuir su popularidad entre los jóvenes. Aunque estas recomendaciones no son vinculantes, dado que la política de salud sigue siendo competencia de cada país, reflejan la postura de la Comisión en la lucha contra el tabaquismo, la cual ha sido calificada por muchos como ineficaz.
EN DESACUERDO CON LA POSTURA DE LA COMISIÓN EUROPEA
El Plan Europeo para Vencer el Cáncer, que tiene como meta una «Generación Libre de Tabaco» para 2040, aspira a reducir el porcentaje de consumidores de tabaco a menos del 5% de la población. Actualmente, el 26% de los europeos fuma, y el porcentaje asciende al 29% entre los jóvenes de 15 a 24 años. Curiosamente, Suecia, con una tasa de fumadores del 6%, ha logrado este descenso apoyando alternativas más seguras como el snus y los vapes. Paradójicamente, son los mismos productos que la Comisión busca restringir.
El enfoque de la Comisión (CE), que subraya el impacto del tabaco en la salud con más de 700.000 muertes anuales en la UE, busca «desnormalizar» su uso, combatir la adicción a la nicotina y fortalecer las medidas preventivas. Sin embargo, las críticas no han tardado en surgir. Países como España, que recientemente presentó un plan antitabaco para 2024-2027, siguen políticas restrictivas que incluyen el aumento del precio del tabaco, la introducción de envases neutros y la expansión de las zonas libres de humo, además de restricciones adicionales para los dispositivos de vapeo. Aunque estas medidas no han logrado reducir significativamente el tabaquismo en España, la Comisión las respalda plenamente.
En contraste, expertos en reducción de daños y en abandono del tabaquismo han expresado su desacuerdo con la postura de la Comisión Europea. Aseguran que equiparar el vapeo con el tabaquismo al prohibir ambos en las mismas áreas es un error que podría desincentivar a los fumadores a cambiar a una alternativa más segura. Según la Alianza Mundial de Vapers (WVA), esta medida genera confusión al dar a entender que vapear es tan dañino como fumar, lo que podría tener efectos negativos en la salud pública.
PRUEBAS CIENTÍFICAS
El director de la WVA, Michael Landl, advirtió que la recomendación de la Comisión Europea (CE) ignora pruebas científicas que demuestran que vapear es un 95% menos dañino que fumar y que no presenta riesgos significativos de exposición pasiva. Señaló que estas políticas podrían dificultar la transición de los fumadores hacia alternativas menos peligrosas, comprometiendo los avances en la lucha contra el tabaquismo.
Alberto Gómez Hernández, Gerente de Políticas de la WVA, también criticó la postura de la Comisión, alegando que está engañando a los consumidores y desestimando una herramienta de reducción de daños efectiva. En su opinión, permitir el vapeo en zonas libres de humo podría motivar a más fumadores a cambiarse al vapeo, lo que ayudaría a reducir las muertes relacionadas con el tabaquismo en Europa.
Ante esta controversia, los expertos instan a los responsables políticos de la UE a reconsiderar su enfoque y adoptar medidas basadas en la evidencia científica que respalden el vapeo como una alternativa menos nociva al cigarrillo. En lugar de restricciones punitivas, abogan por priorizar la reducción de daños para mejorar la salud pública.
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