La discusión sobre el control del tabaco ha vuelto al centro del debate internacional tras nuevos cuestionamientos a la estrategia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en materia de productos con nicotina distintos al cigarrillo convencional.
Diversas organizaciones y especialistas sostienen que la política actual no distingue con claridad entre el consumo de tabaco combustible y el uso de dispositivos sin combustión, como cigarrillos electrónicos o productos de tabaco calentado. Señalan que esa diferencia es relevante, ya que los daños más graves asociados al tabaquismo se vinculan con las sustancias tóxicas generadas por la combustión y no con la nicotina en sí.
En este contexto, la Coalición de Defensores de la Reducción de Daños por Tabaco de Asia Pacífico (CAPHRA) instó a los gobiernos de la región a revisar su compromiso con la Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT), tratado promovido por la OMS. El llamado se produce después de que Estados Unidos anunciara el 22 de enero de 2026 su retirada de la organización, alegando problemas de gestión, y de que el ministro de Asuntos Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, solicitara un mayor control sobre la financiación destinada a organismos internacionales.
Reducción de daños y aplicación práctica
El CMCT incluye en su artículo 1(d) el concepto de reducción de daños. No obstante, representantes de CAPHRA sostienen que, en la práctica, las recomendaciones recientes de la OMS limitan o desincentivan el uso de alternativas sin combustión como el vapeo, los productos de tabaco calentado y las bolsas de nicotina.
Nancy Loucas, coordinadora ejecutiva de CAPHRA, afirmó que los gobiernos deberían analizar si la implementación del tratado se ajusta a su propio mandato y a la evidencia disponible sobre la disminución del tabaquismo mediante productos alternativos.
El tabaco combustible continúa siendo una de las principales causas de muerte prevenible a nivel mundial. Autoridades sanitarias de países como Reino Unido y Nueva Zelanda han señalado en distintos informes que el vapeo implica menos riesgos que fumar cigarrillos y puede contribuir a la cesación tabáquica. Sin embargo, documentos recientes de la OMS advierten sobre el posible “riesgo de sustitución”, en referencia al reemplazo del cigarrillo tradicional por dispositivos electrónicos.
Debate en la COP11
Las críticas también se intensificaron tras la última Conferencia de las Partes (COP11) del CMCT celebrada en Ginebra. El especialista en políticas públicas Jindřich Vobořil, con experiencia en regulación de drogas y salud pública, cuestionó el desarrollo de las discusiones.
Según relató, durante la reunión se plantearon propuestas que incluían sanciones penales contra empresas que comercializan productos legales con nicotina. También señaló que representantes de consumidores y defensores de la reducción de daños no participaron en igualdad de condiciones, mientras que organizaciones no gubernamentales con mayor financiación tuvieron un papel predominante.
Vobořil indicó que no se examinaron en profundidad los resultados obtenidos en países como Suecia, Japón, Reino Unido y Nueva Zelanda, donde se han aplicado marcos regulatorios diferenciados para productos sin combustión.
Regulación y mercados ilícitos
En varios países de Asia-Pacífico, las restricciones estrictas sobre dispositivos electrónicos han coincidido con la expansión de mercados no regulados, según organizaciones del sector. En Australia, por ejemplo, se han reportado incrementos en la venta ilegal de productos de vapeo tras la adopción de medidas restrictivas.
Especialistas en políticas de salud pública sostienen que cuando la demanda persiste y no existen alternativas legales accesibles, aumenta la comercialización informal, lo que reduce los controles sanitarios y fiscales.
En contraste, Nueva Zelanda informó que la tasa de tabaquismo adulto descendió al 6,8%, una de las más bajas registradas a nivel internacional. Las autoridades atribuyen esta reducción a un conjunto de medidas que combinan regulación, campañas de cesación y acceso a productos alternativos.
En el Reino Unido, programas como “Swap to Stop”, respaldados por el gobierno, promueven que fumadores adultos cambien al vapeo con apoyo conductual. Datos locales han mostrado tasas de abandono superiores al 50% en determinadas regiones.
Cambios en el Código Europeo contra el Cáncer
Otra controversia surgió tras la publicación, a finales de 2025, de la quinta edición del Código Europeo contra el Cáncer. A diferencia de la versión de 2014, el nuevo documento agrupa el tabaquismo y el vapeo en una misma advertencia general sin detallar diferencias de riesgo.
El texto recomienda no fumar ni utilizar productos de tabaco o vapeo y propone aplicar impuestos y restricciones a todos los productos con nicotina, incluidos los cigarrillos electrónicos y las bolsas. El documento reconoce que no existen aún conclusiones definitivas sobre vínculos a largo plazo entre estos productos y el cáncer, pero no desarrolla su posible papel en la cesación del tabaquismo.
Algunos expertos advierten que la equiparación de ambos consumos puede influir en la percepción pública y en la decisión de fumadores que consideran cambiar a alternativas sin combustión.
Origen del vapeo y marco de reducción de daños
La OMS ha señalado en distintas ocasiones que la reducción de daños puede ser utilizada como estrategia comercial por parte de la industria del tabaco. Investigadores y defensores de este enfoque responden que la reducción de daños es un principio aplicado desde hace décadas en otros ámbitos sanitarios, como la prevención del VIH o el tratamiento de adicciones.
El cigarrillo electrónico moderno fue desarrollado por Hon Lik, un farmacéutico chino que buscaba una alternativa al tabaco convencional. Las grandes compañías tabacaleras ingresaron posteriormente en este mercado.
Ante este escenario, especialistas en reducción de daños plantean que los países que financian a la OMS deberían exigir mecanismos de evaluación basados en indicadores como la prevalencia del tabaquismo, las tasas de abandono y la evolución de enfermedades relacionadas.
También proponen que la continuidad del apoyo al CMCT esté condicionada a mayores niveles de transparencia, participación de científicos independientes y análisis comparativos entre distintos modelos regulatorios.
El debate sobre la política internacional de control del tabaco continúa abierto, con posiciones divergentes sobre el papel que deben desempeñar los productos sin combustión en las estrategias de salud pública.
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