En medio de la creciente controversia en torno a los cigarrillos electrónicos (E-CIGS), el Reino Unido ha adoptado una posición revolucionaria al considerarlos como una herramienta efectiva en la lucha contra el tabaquismo. Mientras tanto, en España, las autoridades siguen mostrando escepticismo hacia estos dispositivos, manteniendo una política fiscal que no favorece su uso como alternativa al tabaco tradicional.
A diferencia de España, el gobierno británico ha implementado diversas iniciativas para promover el uso de cigarrillos electrónicos como una opción menos perjudicial para la salud. Aunque la posibilidad de recetarlos con subvenciones económicas no se concretó, se han llevado a cabo campañas públicas, como la bien conocida «Stoptober», que tiene más de una década de existencia y se centra en combatir el tabaquismo para proteger la salud de los ciudadanos y reducir los costos asociados con las enfermedades relacionadas con el tabaco.
Aunque inicialmente se contempló la prescripción de E-CIGS, el NHS, el servicio de salud pública del Reino Unido, actualmente no permite recetar estos dispositivos. No obstante, el gobierno británico ha mantenido su postura a favor del vapeo, respaldada por estudios científicos que indican que los cigarrillos electrónicos son hasta un 95% menos nocivos que los tradicionales.
Asimismo, existen muchos tipos de vapeadores, pero en general, todos funcionan de la misma manera: se calienta un líquido para producir un vapor que posteriormente se puede inhalar. Dicho líquido puede tener o no nicotina y productos químicos como por ejemplo: propilenglicol, glicerina vegetal y saborizantes.
LOS E-CIGS SON MENOS PERJUDICIALES QUE LOS TRADICIONALES
Por añadidura, la decisión del Reino Unido se basa en investigaciones, siendo crucial la realizada por Public Health England en 2015. Entre los datos reveladores se encuentra la evidencia de que los E-CIGS son significativamente menos perjudiciales que los cigarrillos tradicionales y que no fomentan el hábito de fumar entre los jóvenes, desacreditando así las preocupaciones al respecto.
En términos de resultados, el Reino Unido ha experimentado una disminución constante en la proporción de fumadores en la población total, alcanzando un mínimo histórico del 13,3% en 2021. Simultáneamente, el número de consumidores habituales de cigarrillos electrónicos ha alcanzado un máximo histórico de 4 millones.
A pesar de estos éxitos, España sigue mostrando cautela hacia los cigarrillos electrónicos, considerándolos en la misma categoría que los cigarrillos tradicionales. La esperanza reside en que, al observar los resultados positivos en el Reino Unido, España considere adoptar una postura similar en su lucha contra el tabaquismo.
Mientras tanto, la sociedad sigue dividida en su percepción de los cigarrillos electrónicos. Mientras algunas naciones optan por promoverlos como una alternativa más segura, otras, como España, continúan evaluando la evidencia científica y su impacto en la salud pública.
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