El cambio de paradigma en la agricultura no es algo reciente en Carolina del Norte, donde los productores de tabaco han explorado alternativas durante décadas. El Dr. Terry Mabbett revisa la viabilidad de este cambio, contrastando las circunstancias pasadas con el presente.
Históricamente, el impulso hacia cultivos alternativos ha sido visto como una reacción exagerada al tabaco, respaldada más por presiones externas que por razones económicas sólidas.
Desde los años setenta, las familias de agricultores en Carolina del Norte han buscado opciones distintas al tabaco. Este cambio no se debió a la falta de rentabilidad del tabaco, sino a la evolución de la industria hacia operaciones a gran escala y altamente mecanizadas, fuera del alcance de muchos agricultores.
La disminución de granjas tabacaleras entre 1972 y 1979 refleja esta transformación, con un 28% menos de explotaciones. La modernización implicaba una inversión considerable en infraestructura y tecnología, dejando a muchos agricultores sin los recursos necesarios.
Ante este panorama, los pequeños propietarios y arrendatarios se vieron obligados a buscar alternativas. Frank Adams, en su artículo de 1979, delineó tres opciones para los agricultores: seguir con el tabaco, buscar empleo fuera de la granja o diversificar sus cultivos.
Sin embargo, el desafío radicaba en la transición hacia cultivos no tradicionales. La estabilidad y los precios garantizados asociados al tabaco eran difíciles de replicar en otros productos, según el medio TJI.
El tabaco reinaba como el cultivo más rentable, lo que dificultaba la adopción de alternativas. A pesar de consideraciones políticas sobre el impacto socioeconómico, el mercado no ofrecía seguridad para los nuevos cultivos.
Aunque cultivos como la soja, el maíz y el trigo eran opciones, su rentabilidad palidecía en comparación con el tabaco. Sin embargo, las frutas y hortalizas ofrecían un potencial similar o incluso superior en términos de ganancias por hectárea.
Fresas, tomates, melocotones y manzanas prometían retornos significativos, pero la falta de un mercado estable representaba un obstáculo importante. Los productores de tabaco carecían del conocimiento y la experiencia necesarios para cultivar estos productos, lo que complicaba aún más la transición.
Por ende, el cambio de tabaco a frutas y hortalizas requería más que una simple decisión; necesitaba un respaldo técnico y un mercado confiable. Carolina del Norte, centrada en el apoyo al tabaco, carecía de políticas agrícolas que fomentaran esta diversificación.
y luego