Las compañías de seguros de vida continúan aplicando en muchos casos las mismas tarifas a quienes utilizan productos de nicotina sin combustión o vapeo que a los fumadores de cigarrillos tradicionales, una práctica que genera debate en un contexto marcado por la evolución de las políticas de reducción de daños relacionadas con el tabaquismo.
Durante los últimos años, organismos sanitarios del Reino Unido han respaldado el uso de alternativas al cigarrillo convencional para aquellas personas que no consiguen abandonar completamente el consumo de nicotina. Distintas instituciones públicas han señalado en diversos informes que los dispositivos de vapeo presentan una exposición menor a sustancias nocivas en comparación con los cigarrillos combustibles.
Pese a ello, numerosas aseguradoras siguen agrupando a vapeadores, usuarios de bolsas de nicotina y consumidores de otros productos sin combustión dentro de la misma categoría que los fumadores cuando evalúan el riesgo de una póliza de vida. Como consecuencia, estos clientes pueden afrontar primas considerablemente superiores a las aplicadas a quienes son considerados no fumadores.
CRITERIOS CONSERVADORES
El modelo predominante en el sector distingue habitualmente entre dos perfiles: fumadores y no fumadores. Para acceder a las condiciones reservadas a estos últimos, muchas compañías exigen no haber consumido nicotina durante un periodo mínimo de doce meses. Bajo este criterio, cualquier uso de productos con nicotina, independientemente de que exista combustión o no, suele implicar la inclusión en la categoría de fumador.
Las aseguradoras justifican esta práctica señalando que sus cálculos se basan en datos de mortalidad y riesgo acumulados durante largos periodos de tiempo. Mientras que los efectos del tabaquismo cuentan con décadas de seguimiento epidemiológico, algunas alternativas más recientes disponen de registros históricos más limitados, lo que lleva a las entidades a mantener criterios conservadores en la evaluación de riesgos.
Otro de los argumentos utilizados por el sector se relaciona con el historial de consumo. Una parte importante de los usuarios de vapeadores y bolsas de nicotina son antiguos fumadores, por lo que algunas compañías consideran que pueden existir riesgos asociados al consumo previo de tabaco o la posibilidad de una recaída futura.
Sin embargo, diversos estudios desarrollados en los últimos años han analizado el impacto de los productos de nicotina sin humo. Investigaciones impulsadas por organismos y universidades británicas han señalado reducciones significativas en la exposición a sustancias tóxicas entre las personas que sustituyen completamente el cigarrillo por dispositivos de vapeo. Resultados similares han sido observados en análisis centrados en las bolsas de nicotina.
PROGRAMAS DE APOYO
Paralelamente, la estrategia británica de control del tabaquismo ha incorporado estas alternativas dentro de los programas de apoyo al abandono del cigarrillo. El Servicio Nacional de Salud británico mantiene el vapeo como una de las opciones disponibles para fumadores adultos que buscan dejar el tabaco, mientras que algunas iniciativas públicas incluyen la distribución de dispositivos de inicio para facilitar la transición.
La discusión también se extiende a otros países. En la India, representantes del sector asegurador han defendido la ausencia de diferencias en las tarifas argumentando que todavía existen estudios que investigan posibles efectos cardiovasculares asociados al vapeo. No obstante, el debate continúa abierto entre investigadores, reguladores y compañías aseguradoras sobre cómo deben incorporarse las nuevas evidencias científicas a los modelos de evaluación de riesgo.
Especialistas en políticas de reducción de daños sostienen que la clasificación actual puede influir en las decisiones de algunos fumadores que valoran sustituir el cigarrillo por alternativas sin combustión. Según este planteamiento, quienes realizan el cambio no siempre observan modificaciones en el coste de sus pólizas, pese a haber abandonado el consumo de tabaco tradicional.
Mientras las tasas de tabaquismo continúan descendiendo en varios países y aumenta el uso de productos alternativos de nicotina, la forma en que las aseguradoras clasifican a estos consumidores sigue siendo objeto de análisis. El debate se centra en si los modelos actuales reflejan adecuadamente las diferencias existentes entre el consumo de cigarrillos combustibles y el uso de productos sin humo.
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