El crecimiento del mercado ilegal de tabaco en Australia coincide con un debate sobre la regulación de productos de nicotina que no implican combustión. Mientras las autoridades concentran parte de su política en limitar el acceso a estos productos, diferentes informes apuntan a que las restricciones actuales están asociadas a una expansión de las redes de suministro ilícitas.
La diputada liberal del estado de Victoria, Mary Aldred, cuestionó recientemente la capacidad de las autoridades locales para aplicar las normas vigentes sobre el tabaco. En paralelo, datos publicados por el gobierno australiano estiman que la recaudación fiscal podría reducirse en unos 11.800 millones de dólares en el próximo ejercicio.
Las cifras oficiales también indican un aumento de las ventas de cigarrillos fuera del mercado regulado. El volumen estimado pasó de 3.100 millones de dólares en 2022 a una previsión de 6.600 millones para 2025, con cálculos que sitúan la cifra cerca de los 8.000 millones en 2026.
En el estado de Victoria, al igual que en otras regiones del país, los equipos encargados de supervisar el comercio de tabaco cuentan con recursos limitados frente al crecimiento de la oferta ilegal. Los altos impuestos y las restricciones en la venta legal han generado un entorno en el que organizaciones dedicadas al contrabando encuentran un espacio de actividad. A pesar de las operaciones policiales y de las detenciones registradas en los últimos años, la distribución clandestina continúa.
Especialistas en políticas de control del tabaco señalan que este fenómeno también se observa en otros países cuando la disponibilidad legal disminuye mientras la demanda permanece estable. En ese contexto, parte del debate se centra en el tratamiento regulatorio de alternativas de nicotina distintas al cigarrillo tradicional.
LÍMITE EN LOS PUNTOS DE ACCESO
En Australia, los dispositivos de vapeo con nicotina solo pueden adquirirse con receta médica y deben dispensarse en farmacias. Este sistema limita los puntos de acceso, ya que algunos establecimientos han optado por no ofrecer estos productos.
Diversos estudios citados por autoridades sanitarias, entre ellas Public Health England, han analizado la exposición a sustancias asociada al vapeo en comparación con el consumo de cigarrillos convencionales. Investigaciones recientes publicadas en la revista Annals of Internal Medicine evaluaron a fumadores con bajos ingresos y observaron que quienes utilizaron dispositivos de vapeo con nicotina registraron tasas de abandono del tabaco superiores a quienes emplearon métodos tradicionales como chicles o parches. Tras seis meses, el 28% de los participantes que usaron vapeadores dejó de fumar, frente a menos del 10% en el resto del grupo.
Pese a estos resultados, la normativa australiana mantiene un enfoque restrictivo hacia el vapeo. En contraste, Nueva Zelanda ha desarrollado políticas que integran estos dispositivos dentro de estrategias de reducción del consumo de tabaco.
La agencia reguladora neozelandesa Medsafe aprobó recientemente un tratamiento destinado a personas que buscan dejar el vapeo, una medida que forma parte de un enfoque sanitario más amplio sobre el uso de nicotina.
En Australia, el tabaquismo continúa entre los principales factores de mortalidad. Las autoridades sanitarias estiman que el consumo de tabaco causa más de 24.000 muertes cada año. En paralelo, el aumento del comercio ilegal y la evolución del mercado de productos de nicotina mantienen abierto el debate sobre posibles cambios en la regulación vigente.
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