El director de Asuntos Corporativos y Regulatorios de British American Tobacco (BAT) para España y Portugal, Andrés Martín, ha defendido en una entrevista que la estrategia tradicional de “prohibir” productos relacionados con el tabaco no es eficaz y aboga por una regulación que reconozca las diferencias entre los distintos productos de nicotina para reducir el daño en la salud pública.
Andrés Martín sostiene que, ante el desafío persistente del tabaquismo en España, las políticas públicas deben distinguir entre los cigarrillos tradicionales y las alternativas de menor riesgo, como los dispositivos de vapeo o los productos de tabaco calentado. Según él, equiparar todas las categorías bajo las mismas restricciones puede tener efectos contraproducentes y limitar las opciones para fumadores adultos que buscan dejar los cigarrillos convencionales.
El director de BAT en Iberia subrayó que prohibiciones generalizadas —como las que se han propuesto en algunos países para sabores o ciertos productos— no reflejan la complejidad del mercado y las características de cada alternativa. En su opinión, una regulación basada en evidencia científica y en la diferenciación del riesgo asociado a cada producto podría contribuir a minimizar el impacto sanitario del tabaquismo.
REGULAR Y DIFERENCIAR Y NO PROHIBIR
Esta postura se produce en un momento de debate en España sobre la actualización de la legislación antitabaco, que contempla ampliar las restricciones sobre lugares de consumo y la publicidad de nuevos productos de nicotina. Grupos de salud pública y organizaciones antitabaco impulsan medidas más estrictas, mientras que sectores del mercado y algunos expertos abogan por enfoques de “reducción de daños”, argumentando que mantener alternativas reguladas y seguras puede ayudar a que fumadores cambien de hábito sin perder opciones.
BAT, una de las mayores compañías del sector, ha estado promoviendo en diferentes mercados la transición hacia productos sin combustión como parte de su estrategia global. La compañía asegura que estos productos, aunque no están exentos de riesgos, ofrecen menor exposición a sustancias nocivas en comparación con los cigarrillos tradicionales, siempre que se utilicen como sustitutos completos del tabaco quemado.
Martín concluyó que es preferible “regular y diferenciar” que prohibir, argumentando que una política eficaz debe centrarse en reducir el daño global del tabaquismo, no solo en restringir productos.
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