Una de las organizaciones más representativas del movimiento por la reducción de daños por tabaco (THR, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos cesará sus actividades este año. La Consumer Advocates for Smoke-Free Alternatives Association (CASAA), que desde 2009 ha sido un canal clave para la participación de consumidores en el debate sobre alternativas más seguras al tabaco combustible, pondrá fin a su labor de defensa activa en agosto de 2025.
El anuncio lo realizó el director ejecutivo de la organización, Alex Clark, el 27 de mayo. A través de un comunicado, explicó que la decisión se debe a la falta de recursos financieros sostenibles. CASAA, que llegó a contar con 250,000 miembros registrados, dejará de operar como grupo de presión y limitará su presencia a su sitio web, el cual seguirá disponible como archivo informativo sobre vapeo y productos de nicotina de bajo riesgo.
TERMINA UNA ETAPA
Desde su fundación, CASAA produjo contenido educativo, participó en debates legislativos, presentó informes ante organismos reguladores como la FDA, y se convirtió en un referente para millones de usuarios que hicieron la transición hacia productos libres de combustión.
La organización operaba con un presupuesto reducido y, desde agosto de 2024, lo hacía exclusivamente con personal voluntario. Un llamado urgente a donaciones realizado un mes antes no logró reunir los fondos necesarios para sostener operaciones básicas como el rastreo legislativo, la comunicación con miembros y el pago de dos empleados.
Clark, quien ha dirigido la organización desde 2017 sin recibir salario durante el último año, explicó que CASAA necesitaba al menos 10.000 dólares mensuales, pero solo lograba recaudar cerca de 2.000 a través de pequeñas donaciones individuales.
FINANCIACIÓN
Durante sus años de actividad, CASAA aceptó financiación tanto de pequeños comercios como de grandes empresas del sector de la nicotina, incluidas compañías tabacaleras. Clark defendió esta decisión argumentando que los consumidores de estas empresas también eran parte de la comunidad que CASAA representaba. Sin embargo, reconoció que este tipo de apoyo implicaba riesgos, especialmente cuando las prioridades regulatorias de los donantes no coincidían con las de la organización.
Un ejemplo de esta tensión fue la postura de CASAA frente a los proyectos de ley que exigen que los productos de vapeo cuenten con autorización de la FDA. Mientras algunas compañías respaldaron estas regulaciones, la organización se opuso, argumentando que podrían restringir el acceso a productos no aprobados que los consumidores ya utilizaban para dejar de fumar.
Diversas voces dentro del movimiento THR destacaron el rol que CASAA desempeñó durante sus años de actividad. Desde educadores y defensores independientes hasta grupos similares en otros países, muchos reconocen el impacto de su labor al facilitar el acceso a la información y canalizar la participación ciudadana en políticas públicas.
Logan Evans, vicepresidente de la junta, subrayó la importancia de amplificar la voz de los usuarios frente a políticas que podrían afectarlos. Otros, como el educador Phillip Kirschberg o el locutor Patrick Riffe, destacaron la capacidad de la organización para monitorear iniciativas legislativas complejas y traducirlas en acciones concretas para los consumidores.
EL FUTURO DE LA DEFENSA
Aunque la estructura formal de CASAA llega a su fin, su equipo insiste en que esto no representa una derrota. Según Clark, la experiencia de los consumidores seguirá siendo clave para el desarrollo de políticas y productos más seguros. “Mi esperanza es que este momento sea solo un punto bajo y temporal en un proceso más amplio”, señaló.
Mientras millones de personas en Estados Unidos siguen optando por alternativas a los cigarrillos tradicionales, la pregunta ahora es quién tomará el relevo para mantener viva la defensa de sus intereses.
y luego