Esta es la tercera parte de una serie que analiza la reducción de daños en el tabaquismo mediante el uso de productos como cigarrillos electrónicos y bolsas de nicotina, según el medio Thefirebreak. Estos dispositivos han permitido a millones de personas abandonar el tabaco tradicional. En las entregas anteriores, se abordaron los cuestiones por parte de algunos sectores de salud pública hacia estos productos y las decisiones regulatorias restrictivas adoptadas por distintos gobiernos. En esta ocasión, el foco está en el papel de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el tratamiento de estas alternativas, su estrategia de comunicación y la manera en que ha influido en la percepción pública.
CONFUSIÓN ENTRE NICOTINA Y TABACO
Desde 2012, la OMS adoptó una postura crítica frente a los cigarrillos electrónicos, argumentando que su promoción podría revertir décadas de trabajo en la desnormalización del consumo de tabaco. En esa etapa, el mercado del vapeo estaba dominado por pequeñas empresas independientes, y aún no contaba con la presencia de las grandes tabacaleras. A pesar de ello, el organismo internacional ya equiparaba de forma sistemática el vapeo con el tabaquismo y sostenía que debía eliminar ambos por igual, sin distinguir entre sus niveles de riesgo.
Este enfoque, que ignoraba las diferencias científicas entre fumar tabaco combustible y consumir nicotina por vías menos perjudiciales, se formalizó en documentos oficiales de la Convención Marco para el Control del Tabaco (CMCT) de la OMS. Desde entonces, la organización ha endurecido su posición, emitiendo declaraciones públicas que muchos expertos consideran inconsistentes con la evidencia científica actual.
LAS CONSECUENCIAS DE UN DISCURSO RÍGIDO
Los materiales recientes publicados por la OMS presentan los cigarrillos electrónicos como una amenaza sanitaria comparable al tabaco tradicional, citando estudios aislados o fuera de contexto, e ignorando investigaciones revisadas por pares que señalan que el vapeo puede ser significativamente menos dañino. Esta estrategia comunicacional generó confusión entre quienes buscan dejar de fumar, y distintos sectores la han criticado por obstaculizar la transición hacia productos de menor riesgo.
Distintas voces han planteado que si la OMS adoptara una política basada en la comparación de riesgos —evaluando el uso de nicotina no combustible frente al consumo de tabaco tradicional—, millones de personas podrían beneficiarse de información más precisa para tomar decisiones informadas sobre su salud.
LA IMAGEN DE LA OMS
La imagen que se proyecta de la OMS como un ente científico neutral es cuestionada por varios observadores. En realidad, según dicen algunos investigadores, el núcleo que toma decisiones sobre el control del tabaco está compuesto por una reducida secretaría de funcionarios internacionales.
Diversos análisis han examinado los vínculos entre estos equipos y ciertas organizaciones no gubernamentales. Se ha documentado que muchas de las personas que actualmente influyen en las políticas de la OMS provienen de espacios activistas o de investigación financiada por fundaciones privadas. Algunas de estas fundaciones también destinan recursos directamente a programas de la OMS, lo que plantea interrogantes sobre la independencia institucional.
FINANCIACIÓN EXTERNA
Figuras como Michael Bloomberg y la Fundación Gates se han convertido en algunos de los principales financiadores de iniciativas de salud pública global, incluidas campañas contra la nicotina. Al mismo tiempo, investigadores y ONG que reciben apoyo de estas entidades son incluidos en paneles técnicos que asesoran a la OMS. Esto ha generado preocupaciones sobre posibles conflictos de interés y sesgos en la elaboración de políticas.
Durante la pandemia de COVID-19, la OMS se negó a aprobar una vacuna desarrollada por una biotecnológica parcialmente financiada por una empresa tabacalera. A pesar de que la vacuna cumplía con los requisitos técnicos y ofrecía ventajas logísticas para su distribución, su vinculación con la industria del tabaco fue motivo suficiente para descartarla. La decisión ha sido criticada tras anteponer consideraciones políticas a las necesidades urgentes de salud pública en países en desarrollo.
Diversos expertos califican la postura de la OMS frente a la reducción de daños como inflexible y basada en fundamentos ideológicos más que científicos. La equiparación entre productos de nicotina no combustibles y el tabaco tradicional no responde al consenso actual de la comunidad científica, y su persistencia podría estar obstaculizando avances en salud pública global.
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