A pocas semanas de la 11ª Conferencia de las Partes (COP11) del Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), prevista para noviembre, crece la discusión internacional sobre las estrategias para reducir los daños asociados al consumo de tabaco.
Según el medio Clearing the Air, el viceprimer ministro y exministro de Salud de Bélgica, Franck Vandenbroucke, será el encargado de liderar un seminario global centrado en el vapeo y los nuevos productos de nicotina durante el evento. El encuentro, catalogado como una discusión sobre salud pública, ha generado reacciones en el sector que promueve la reducción de daños, debido a que se espera refuerce la postura de la OMS contraria al uso de alternativas al cigarrillo tradicional.
El historial de Vandenbroucke en el tema ha sido consistente con una línea de rechazo hacia el vapeo. Sin embargo, los resultados del control del tabaco en Bélgica continúan siendo limitados. A pesar de aplicar políticas como empaquetado neutro, prohibiciones amplias de fumar y fuertes restricciones publicitarias, alrededor del 20% de la población adulta belga continúa fumando. Datos de la agencia nacional Sciensano indican que el país podría no alcanzar sus metas de reducción del tabaquismo sin incorporar nuevos métodos.
MEDIDAS MÁS RESTRICTIVAS
En los últimos años, Bélgica ha intensificado su marco regulatorio. En 2023 prohibió las bolsas de nicotina y para 2025 prevé la eliminación de los cigarrillos electrónicos desechables. No obstante, estudios y encuestas recientes muestran que las restricciones no han reducido de manera significativa el consumo de cigarrillos, y que parte del comercio se ha desplazado hacia canales informales.
Organizaciones de consumidores como FeBeVa han pedido al gobierno revisar su enfoque y adoptar políticas respaldadas por evidencia científica, argumentando que las prohibiciones han favorecido la venta de productos no regulados.
El caso belga se repite en distintos países europeos. La influencia de la OMS en las políticas nacionales de control del tabaco ha impulsado medidas más restrictivas hacia productos alternativos, pese a la falta de avances notables en la reducción global del tabaquismo. Diversos analistas advierten que la COP11 podría consolidar esta tendencia al promover normas más duras sobre vapeo y productos de nicotina.
SUECIA CUESTIONA EL RUMBO DE LAS POLÍTICAS INTERNACIONALES
Suecia, uno de los países con menores tasas de tabaquismo en Europa, ha mostrado preocupación por el impacto que podrían tener las resoluciones de la OMS y la Unión Europea sobre su política interna. El uso de productos orales como el snus ha sido un factor clave en los bajos índices de mortalidad relacionada con el tabaco en el país.
Durante una sesión reciente del Parlamento, los legisladores preguntaron a la ministra de Sanidad, Elisabeth Lann, sobre la postura que adoptará la delegación sueca en la COP11. Lann señaló que el snus presenta un riesgo significativamente menor que fumar, aunque no confirmó si Suecia defenderá su modelo ante el foro internacional. Algunos legisladores advierten que las decisiones sobre la regulación de la nicotina podrían quedar en manos de representantes internacionales sin mandato nacional directo.
La organización de la COP11 también ha generado inquietudes por sus limitaciones de acceso. Los medios y grupos de consumidores tendrán participación restringida, lo que ha despertado críticas sobre la falta de transparencia en las discusiones que definirán políticas de alcance global. Parlamentarios suecos como Tobias Andersson han advertido que esta dinámica puede derivar en decisiones que entren en conflicto con modelos nacionales de salud pública.
DEBATE CIENTÍFICO
En paralelo al debate político, un artículo publicado en Frontiers por investigadores de la Universidad Médica de Viena y la Universidad del Vale do Itajaí (Brasil) propone un cambio en la estrategia global de control del tabaco. Los autores sugieren que el CMCT ya ofrece herramientas para avanzar hacia la regulación de la toxicidad de los productos, a través de los artículos 9 y 10 del tratado, que facultan a los países a establecer límites a las emisiones nocivas.
Los investigadores plantean un sistema de regulación basado en las emisiones, comparable al de los estándares ambientales, que establezca niveles máximos de sustancias como formaldehído, acroleína, monóxido de carbono o benzo[a]pireno. Según esta propuesta, el control se centraría en reducir la toxicidad medible de los productos, en lugar de enfocarse únicamente en su atractivo o comercialización.
Este enfoque, sostienen, permitiría un avance más efectivo en la reducción de daños y podría beneficiar a las más de mil millones de personas que se prevé continuarán fumando hacia 2050.
Con la COP11 próxima a celebrarse, la OMS y los Estados miembros enfrentan una disyuntiva. Las decisiones que se adopten podrían definir si el control del tabaco continúa centrado en la restricción o si avanza hacia un modelo regulatorio basado en la reducción de riesgos y en la evidencia científica disponible.
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