Mark Oates, fundador de la organización de consumidores We Vape, defiende el papel de las alternativas al cigarrillo convencional para reducir los riesgos asociados al tabaquismo. En una entrevista con Asian Trader, analiza las restricciones al snus, la regulación de los productos de nicotina y el impacto de las políticas públicas sobre los fumadores y los comercios.
La relación de Oates con los productos alternativos al tabaco comenzó durante su estancia en China. Allí fumaba cigarrillos mientras convivía con la contaminación de Pekín. Durante un viaje de regreso al Reino Unido, hizo una escala en Suecia y probó el snus, un producto de tabaco que se coloca bajo el labio superior.
El snus sueco se elabora mediante un proceso de pasteurización que reduce la presencia de determinadas sustancias cancerígenas. Oates relaciona su consumo con las bajas tasas de tabaquismo y de cáncer de pulmón en Suecia. Sin embargo, su comercialización está prohibida en el Reino Unido, aunque la posesión para consumo personal no lo está.
Las bolsas de nicotina, que no contienen tabaco y se utilizan de forma similar, sí están disponibles en el mercado británico. Oates considera que presentan menos riesgos que fumar, aunque reconoce que todavía existen interrogantes sobre su seguridad en comparación con el snus.
La regulación del snus también plantea dudas sobre la aplicación de la legislación. Según Oates, las nuevas disposiciones contemplan sanciones de hasta 20.000 libras o dos años de prisión por posesión con intención de suministrar, sin establecer una definición clara de esa intención.
Del snus al vapeo y de vuelta al tabaco
La experiencia personal de Oates con la nicotina ha estado marcada por diferentes productos. Cuando dejó de tener acceso al snus en el Reino Unido, volvió a fumar. Posteriormente probó el vapeo, aunque inicialmente utilizaba líquidos con sabor a tabaco.
El cambio a líquidos con otros sabores fue, según explica, determinante para abandonar definitivamente los cigarrillos.
Actualmente utiliza diferentes productos en función de las circunstancias y defiende que los consumidores puedan elegir entre el vapeo, las bolsas de nicotina, el snus y el tabaco calentado. A su juicio, las políticas públicas deberían facilitar el acceso a alternativas para quienes no consiguen dejar de fumar mediante otros métodos.
Oates sostiene que las restricciones a estos productos pueden tener consecuencias contrarias a las previstas, al dificultar el acceso a alternativas y favorecer que algunos consumidores continúen fumando.
Regulación y reducción de daños
El fundador de We Vape considera que las políticas de control del tabaco han ampliado su alcance hasta incluir productos que, según su postura, presentan riesgos inferiores a los del cigarrillo convencional.
En su análisis, las prohibiciones responden en parte a la dificultad de los gobiernos para impulsar medidas económicas de mayor alcance. También cuestiona el coste que las nuevas restricciones pueden representar para los comercios, especialmente las tiendas de conveniencia y los establecimientos especializados en vapeo.
Oates calcula que las propuestas relacionadas con el empaquetado genérico y las restricciones de exposición de productos podrían generar costes de alrededor de 1.500 millones de libras para la industria, de los cuales unos 350 millones recaerían directamente en los minoristas.
Respecto al consumo de vapeadores entre menores, considera que las autoridades deberían centrarse en hacer cumplir la prohibición de venta a menores de 18 años, en lugar de introducir nuevas restricciones que, en su opinión, podrían afectar también a los adultos.
El papel de los fabricantes y las consultas públicas
Oates atribuye parte de los problemas recientes del mercado de vapeo a fabricantes que introdujeron productos desechables sin cumplir la normativa. Según explica, algunas empresas buscaron mercados alternativos después de que determinadas regulaciones limitaran sus posibilidades comerciales en Estados Unidos.
También insta a los minoristas independientes a participar en las consultas públicas sobre nuevas medidas regulatorias. Considera que las respuestas de los consumidores y los comercios pueden influir en las decisiones políticas, aunque reconoce que no siempre se incorporan a la legislación definitiva.
Como ejemplo, menciona el debate sobre los sabores de los líquidos de vapeo. Según su interpretación, las objeciones expresadas durante una consulta contribuyeron a que las propuestas evolucionaran desde una prohibición general hacia posibles restricciones en los nombres y descriptores de los sabores.
El impuesto al líquido de vapeo y el impacto en los comercios
La entrevista también aborda el impuesto sobre los líquidos de vapeo, que entró en vigor el 1 de octubre. Oates afirma que su implementación ha generado dificultades para fabricantes y minoristas, y advierte de que los problemas durante el periodo de transición podrían provocar falta de producto en los establecimientos.
A su juicio, una aplicación inadecuada de la medida podría favorecer el mercado ilegal y reducir los ingresos fiscales previstos.
El representante de We Vape prevé que el aumento de los costes fiscales afecte a los márgenes comerciales y modifique los hábitos de compra. En particular, considera que algunos consumidores podrían optar por sistemas de cápsulas en lugar de líquidos embotellados, lo que tendría consecuencias diferentes para las tiendas de conveniencia y los establecimientos especializados.
Oates defiende que ambos canales de venta cumplen funciones complementarias. Mientras las tiendas especializadas ofrecen asesoramiento, los comercios de proximidad facilitan el acceso a los productos. Por ello, rechaza que la venta de vapeadores se limite exclusivamente a farmacias o establecimientos especializados.
También se opone a las propuestas de ocultar los vapeadores detrás de mostradores opacos, al considerar que dificultarían que los fumadores conocieran las alternativas disponibles.
Nicotina, combustión y salud pública
Uno de los argumentos centrales de Oates es la distinción entre los riesgos de la nicotina y los daños derivados de la combustión del tabaco. Sostiene que el principal peligro del cigarrillo convencional procede de inhalar el humo generado al quemar tabaco y no de la nicotina en sí misma.
Desde esta perspectiva, considera que las políticas de salud pública deberían priorizar a los fumadores adultos y facilitarles el acceso a productos alternativos.
Oates también cuestiona el enfoque de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud hacia el vapeo. En su opinión, las decisiones regulatorias deberían basarse en la evidencia científica sobre los riesgos relativos de cada producto y no en la percepción pública o en la cobertura mediática.
We Vape y la participación de los minoristas
We Vape busca representar a los consumidores de productos de vapeo y promover su participación en los debates regulatorios. Oates señala que los minoristas pueden incorporarse a su lista de correo o a su grupo de WhatsApp para recibir materiales y participar en campañas.
La organización pretende que los consumidores que han abandonado el cigarrillo mediante alternativas de nicotina puedan contribuir al debate sobre su disponibilidad y regulación.
Oates concluye que las bolsas de nicotina y otros productos sin combustión pueden desempeñar un papel en la reducción del tabaquismo, siempre que exista una regulación que garantice su seguridad y permita su acceso. Para él, el objetivo debería ser ofrecer a los fumadores distintas opciones para abandonar el cigarrillo, en lugar de restringirlas de forma generalizada.
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