El consumo de sustancias entre adolescentes continúa siendo un tema de atención para autoridades sanitarias y educativas. Sin embargo, los registros recientes de Estados Unidos y el Reino Unido muestran una tendencia que difiere de la percepción de una crisis en expansión, especialmente en relación con el vapeo con nicotina. La evidencia disponible señala descensos sostenidos y destaca la eficacia de estrategias centradas en prevención y regulación, frente a enfoques basados en prohibiciones amplias.
EVOLUCIÓN DEL CONSUMO JUVENIL
La Encuesta de Monitoreo del Futuro (Monitoring the Future Survey, MFS), publicada en diciembre de 2025 por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos, indica que el consumo de alcohol, tabaco, cannabis y vapeadores de nicotina entre adolescentes se mantiene cerca de los niveles más bajos registrados en más de cinco décadas de seguimiento.
El estudio muestra que, tras la reapertura de las escuelas luego de la pandemia de COVID-19, no se produjo un repunte significativo en el uso de sustancias. Por el contrario, los niveles reducidos observados en años anteriores se han estabilizado. En 2025, más de la mitad de los estudiantes de último año de secundaria declararon no haber consumido ninguna de las principales sustancias durante el año previo. En los cursos inferiores, la proporción de abstención fue aún mayor.
Estos datos contrastan con los resultados iniciales del estudio en 1975, cuando alrededor del 95 por ciento de los estudiantes de último año había probado alcohol, cigarrillos o cannabis. En la actualidad, esa cifra se sitúa por debajo del 60%
El vapeo de nicotina, que en años recientes fue señalado como un fenómeno en expansión, presenta hoy una frecuencia aproximada de la mitad de la registrada antes de la pandemia. El alcohol continúa siendo la sustancia más utilizada entre los jóvenes, mientras que el consumo de drogas como la cocaína o la heroína permanece en niveles bajos desde el punto de vista estadístico.
IMPACTO DE LOS PROGRAMAS ESCOLARES DE PREVENCIÓN
Un estudio publicado en enero de 2026 en el Journal of Adolescent Health analizó los efectos de los programas de prevención del tabaco implementados en escuelas de California tras el aumento de la financiación derivado de la Proposición 56, que elevó los impuestos al tabaco.
La investigación, realizada por la Universidad de California en San Diego, se basó en encuestas a más de 160.000 estudiantes de secundaria y preparatoria. Los resultados muestran que los alumnos que asistían a centros con financiación del programa de Educación para la Prevención del Consumo de Tabaco (TUPE) registraron menores niveles de consumo de productos de tabaco.
Según el estudio, el uso general de tabaco se redujo en torno a un 20%, mientras que el vapeo descendió cerca de un 25 por ciento. Estas reducciones se observaron en un contexto donde ya existían impuestos elevados, regulaciones estrictas y campañas públicas de información, lo que apunta al papel específico de las intervenciones escolares.
Las escuelas participantes ofrecieron programas educativos estructurados, actividades dirigidas por estudiantes, eventos sin tabaco y acceso a personal capacitado en orientación. El enfoque se centró en factores sociales, bienestar emocional y conocimiento de riesgos, elementos que no suelen abordarse mediante prohibiciones generales.
PREOCUPACIÓN CRECIENTE EN CENTROS EDUCATIVOS DE UK
En el Reino Unido, algunas escuelas han informado un aumento de incidentes relacionados con el vapeo entre estudiantes. Una encuesta encargada por la BBC a cerca de 7.000 docentes de secundaria señala que más de la mitad de los centros considera el vapeo un problema relevante, lo que ha derivado en medidas de control como detectores de vapor y mayor vigilancia interna.
Casos puntuales, como hospitalizaciones vinculadas a dispositivos sospechosos de contener sustancias no reguladas, han incrementado la atención pública sobre el tema. Estos episodios han puesto de relieve la diferencia entre productos de nicotina regulados y dispositivos ilícitos que circulan fuera de los canales legales.
Docentes también han reportado síntomas de dependencia a la nicotina en algunos estudiantes, como dificultad para concentrarse o inquietud. Estos registros han reforzado la necesidad de estrategias preventivas, especialmente en el entorno escolar.
REGULACIÓN Y PREVENCIÓN
Los datos disponibles apuntan a un modelo basado en prevención específica para menores y acceso regulado para adultos. La experiencia de California muestra que los programas educativos y el acompañamiento institucional pueden reducir el consumo juvenil sin recurrir a prohibiciones generales. Al mismo tiempo, las encuestas nacionales reflejan una tendencia sostenida a la baja en el uso de sustancias entre adolescentes.
Las medidas como límites de edad, control de la venta minorista, estándares de calidad de productos y programas escolares se presentan como herramientas compatibles con las políticas de reducción de daños relacionadas con el tabaco.
La información recopilada sugiere que la formulación de políticas públicas basada en evidencia permite abordar la protección de los jóvenes sin desatender otros objetivos de salud pública. En este contexto, la inversión en prevención, la regulación diferenciada y el uso de datos verificables aparecen como elementos centrales para la toma de decisiones.
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