Un artículo publicado en marzo de 2026 en la revista Finanzas y Desarrollo analiza el diseño de los sistemas fiscales aplicados a productos como el tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas. Sus autores, Christoph B. Rosenberg y Marius van Oordt, sostienen que estos impuestos deben reflejar de forma más precisa los efectos que dichos productos tienen sobre la salud.
El texto propone tres criterios básicos para la política fiscal en este ámbito: incluir todas las categorías de productos con impacto sanitario, establecer tipos impositivos acordes al nivel de daño asociado y reforzar la cooperación entre países para limitar la evasión y el comercio ilícito.
Según el análisis, aumentar los impuestos por sí solo no garantiza mejores resultados en términos de recaudación ni de salud pública. Los autores señalan que los consumidores pueden desplazarse hacia productos no gravados o hacia mercados ilegales si existen diferencias significativas. Por ello, plantean un enfoque más amplio que evite lagunas fiscales y abarque el conjunto de productos disponibles.
El artículo indica que en varios países persisten sistemas con vacíos, donde ciertos productos quedan fuera de la tributación. Esta situación, según el documento, reduce tanto la eficacia recaudatoria como el alcance de las políticas sanitarias.
CRECIMIENTO DE ALTERNATIVAS
En relación con los productos de nicotina, el estudio aborda el crecimiento de alternativas al cigarrillo convencional, como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado y las bolsas de nicotina. A medida que cambian los hábitos de consumo y se amplían las restricciones al tabaco tradicional, estos productos han ganado presencia entre quienes continúan consumiendo nicotina. El texto señala que, aunque implican riesgos, en algunos casos reducen la exposición a determinadas sustancias, lo que justificaría tipos impositivos inferiores en comparación con los cigarrillos, con ajustes futuros en función de la evidencia disponible.
El documento también menciona propuestas regulatorias en la Unión Europea. En concreto, se refiere a un proyecto de directiva que contempla la fijación de niveles mínimos de impuestos para diversas categorías de productos de tabaco y nicotina, sin exenciones, y con diferencias en los tipos aplicados según el producto.
Como ejemplo, el artículo recoge el caso de Nueva Zelanda, donde durante los últimos quince años se han incrementado de forma sostenida los impuestos sobre el tabaco combustible. En ese mismo periodo, el consumo de cigarrillos descendió del 18% en 2012 al 8% en 2024, mientras que el uso de cigarrillos electrónicos pasó de niveles mínimos al 14%. Aunque el estudio no establece una relación directa, plantea que la diferencia de precios pudo influir en ese cambio de comportamiento.
Por último, el análisis compara la situación en los países del G20 y señala que la aplicación de impuestos vinculados al impacto en la salud presenta diferencias según el producto. Mientras el tabaco cuenta con sistemas más extendidos, el alcohol presenta una cobertura menor y las bebidas azucaradas muestran una aplicación desigual entre países.
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