La regulación del vapeo en Europa atraviesa una fase de cambios marcada por propuestas para limitar sabores, retirar dispositivos desechables del mercado, elevar impuestos y endurecer el control sobre la nicotina. En este contexto, distintos estudios recientes señalan que estas medidas no están reduciendo el consumo, sino modificando su canal de distribución.
Un informe publicado en 2026 por el Instituto Fraunhofer de Circuitos Integrados indica que una parte relevante del consumo de cigarrillos electrónicos en la Unión Europea procede de circuitos no regulados. Según el estudio, el mercado ilegal y el denominado “gris” alcanzan actualmente unos 6.600 millones de euros y podrían superar los 10.800 millones antes de 2030. El análisis sitúa el mercado regulado en torno al 52 %, mientras que el resto se divide entre actividades fuera de la legalidad y zonas intermedias sin una regulación clara.
PRINCIPALES FOCOS
La cadena de suministro tiene uno de sus principales focos en Shenzhen, centro de producción de dispositivos de vapeo a nivel mundial. Desde allí, los productos se distribuyen hacia Europa a través de plataformas logísticas en países como Alemania, Países Bajos y Bélgica. El volumen de envíos complica la supervisión en aduanas, lo que facilita la entrada de mercancía fuera de los controles establecidos.
El marco normativo europeo presenta diferencias entre países en materia fiscal y regulatoria. Esta disparidad genera variaciones de precios y condiciones legales que favorecen el comercio transfronterizo irregular. En Alemania, por ejemplo, las pérdidas fiscales vinculadas a productos de vapeo no declarados alcanzaron los 119 millones de euros en 2024.
Además del impacto económico, las autoridades señalan que los productos no regulados pueden eludir controles sobre ingredientes, niveles de nicotina o procesos de fabricación, lo que introduce incertidumbre sobre su composición.
Pese a estos datos, algunos países continúan aplicando nuevas restricciones. Polonia prevé prohibir los dispositivos desechables y limitar los sabores en determinados productos a partir de julio de 2026. Medidas similares se debaten en Bélgica y Países Bajos. Sin embargo, en este último país, tras la introducción de restricciones a los sabores, se registró un aumento del consumo juvenil tanto de vapeo como de tabaco, según datos citados en el análisis.
APOYO CONDUCTUAL
En paralelo, investigaciones sobre hábitos de consumo en adultos indican que una parte significativa de usuarios opta por sabores distintos al tabaco. Estudios mencionados en el informe señalan que estos pueden influir en la reducción del consumo de cigarrillos tradicionales, al modificar la experiencia asociada al hábito.
Otros trabajos, incluidos ensayos clínicos, han comparado el uso de cigarrillos electrónicos con terapias convencionales de sustitución de nicotina, observando mayores tasas de abandono del tabaco en determinados contextos cuando se emplean dispositivos de vapeo con apoyo conductual.
Evaluaciones científicas en países como Francia también han revisado miles de estudios sobre estos productos. Los resultados apuntan a una reducción de la exposición a sustancias tóxicas en comparación con el tabaco convencional, aunque continúan los análisis sobre posibles efectos a largo plazo.
El informe del Instituto Fraunhofer plantea que, sin cambios en la estructura regulatoria, el crecimiento del mercado no regulado podría continuar. Entre las medidas propuestas se incluyen la armonización fiscal entre países, el seguimiento digital de la cadena de suministro y una mayor cooperación con los países productores.
El debate sobre el vapeo en Europa se centra ahora en el impacto de las políticas adoptadas. Los datos disponibles indican que las restricciones no eliminan la demanda, sino que modifican su distribución entre canales regulados y no regulados, en un contexto en el que el tabaco convencional sigue disponible en el mercado.
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