Australia ha llegado a un punto crítico en su política fiscal contra el tabaco. Lo que alguna vez fue una herramienta eficaz para reducir el tabaquismo y llenar las arcas públicas, ahora está generando efectos secundarios inesperados: el auge del comercio ilegal de cigarrillos.
Varios economistas y expertos en políticas públicas afirman que las subidas constantes del impuesto especial sobre el tabaco han dejado de surtir efecto. Ya no disuaden a los fumadores, pero sí están incentivando el contrabando a gran escala. Ante esta situación, algunos proponen congelar, e incluso considerar una eventual reducción, de las tasas impositivas, al tiempo que se refuerzan los controles contra el tabaco ilícito.
«Cada vez que se sube el impuesto, no baja el consumo, pero sí crece el mercado negro», aseguró Bob Breunig, director del Instituto de Política Fiscal de la Universidad Nacional de Australia. Aunque reconoce que la estrategia fiscal ha sido clave para reducir el tabaquismo en las últimas dos décadas, cree que ha dejado de ser útil en el contexto actual. “Ya exprimimos al máximo esa vía. Es momento de usar otras herramientas como la educación y el control del comercio ilegal”, afirmó.
Los datos respaldan su preocupación. La Oficina de Impuestos de Australia estima que uno de cada cinco cigarrillos que circulan en el país es ilegal. Además, las incautaciones fronterizas de tabaco se cuadruplicaron en apenas cuatro años, alcanzando el equivalente a más de 2.000 millones de cigarrillos.
CÓMO FRENAR EL MERCADO NEGRO
El problema también ha desatado tensiones entre gobiernos. El primer ministro de Nueva Gales del Sur, Chris Minns, pidió al gobierno federal que baje el impuesto especial para frenar el mercado negro y los delitos vinculados al tráfico de tabaco. Su propuesta será discutida este viernes durante una reunión de ministros de salud de todo el país. Desde Victoria también se han sumado voces similares, tras una serie de ataques incendiarios ligados al contrabando.
Sin embargo, no todos coinciden con la idea de una rebaja. El ministro federal de Finanzas, Jim Chalmers, descartó esa posibilidad, señalando que los precios más bajos no resolverán el problema del contrabando. En su lugar, propone fortalecer los operativos de fiscalización y vigilancia.
En la misma línea, Terry Slevin, director de la Asociación de Salud Pública, advierte que ceder ante una baja impositiva sería un error influenciado por la presión de la industria tabacalera. «Necesitamos mantener el impuesto como está, al menos hasta tener mecanismos sólidos para combatir el mercado negro», sostuvo.
Actualmente, un paquete de cigarrillos en Australia cuesta en promedio 40 dólares, de los cuales 28 son impuestos. La tasa impositiva se ha triplicado en la última década, con aumentos programados dos veces al año más un 5% adicional anual hasta 2026.
UN RETROCESO
El académico Richard Holden, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, sostiene que ya se cruzó un umbral peligroso. “El impuesto se empujó demasiado. El resultado ha sido una explosión del comercio ilegal, no una reducción del tabaquismo”, advirtió. Según él, se necesita una corrección drástica, no un simple ajuste, para que el sistema vuelva a funcionar.
Desde la academia legal, Fei Gao, de la Universidad de Sídney, también ve un dilema sin resolver: «El gobierno debe elegir: o prioriza ingresos y ajusta la tasa para evitar evasión, o mantiene un impuesto alto y destina más recursos a enfrentar el contrabando».
Las cifras oficiales revelan el retroceso: los ingresos por impuestos al tabaco, que alcanzaron un pico de 16.300 millones de dólares en 2019-20, cayeron a menos de la mitad en apenas cuatro años y se espera que sigan disminuyendo.
Mientras el país debate qué rumbo tomar, la realidad en las calles, y en las fronteras, sugiere que el sistema actual ya no da los resultados esperados.
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