La inteligencia artificial (IA) está ganando presencia en las estrategias de salud pública orientadas a reducir el consumo de tabaco. Sus aplicaciones van desde el análisis de tendencias en la promoción de productos de nicotina hasta el acompañamiento digital de quienes buscan abandonar el hábito. Aunque los sistemas automatizados ofrecen nuevas formas de apoyo, la ausencia de interacción emocional plantea interrogantes sobre su eficacia frente a la orientación humana.
Una revisión global realizada en 2025 analizó más de 1.100 estudios sobre el uso de IA en el control del tabaco. De ellos, 57 cumplieron los criterios de evaluación. Los trabajos revisados abarcan desde modelos predictivos basados en algoritmos como XGBoost y SVM, diseñados para prever recaídas, hasta herramientas de procesamiento de lenguaje natural que identifican tendencias de vapeo en redes sociales. Casi la mitad de los estudios se relacionan con los servicios de cesación del artículo 14 del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco, lo que evidencia un crecimiento en el uso de estas tecnologías como apoyo a los fumadores que buscan dejar de fumar.
Sin embargo, la revisión también expuso riesgos asociados: sesgos en los algoritmos, problemas de privacidad, falta de transparencia en los modelos y la posible utilización de la IA por parte de la industria tabacalera para dirigir mensajes a grupos vulnerables.
EL ASISTENTE VIRTUAL DESARROLLADO POR LA OMS
Entre las iniciativas más visibles figura Florence, un asistente virtual desarrollado por la Organización Mundial de la Salud. Este sistema utiliza el procesamiento del lenguaje natural para corregir información errónea sobre el tabaco, ofrecer planes de cesación basados en evidencia y conectar a los usuarios con servicios nacionales o aplicaciones de apoyo. Su uso se orienta especialmente a personas sin acceso a asesoramiento presencial.
Un metaanálisis de 2023 que incluyó cinco ensayos con cerca de 59.000 participantes mostró que las intervenciones mediante IA conversacional aumentaron las probabilidades de dejar de fumar en comparación con quienes no recibieron asistencia digital. Esos resultados coinciden con otros estudios que asocian el uso de IA con una mayor accesibilidad y participación en programas de abandono del tabaco, sobre todo entre usuarios familiarizados con la tecnología o en zonas con menor acceso a servicios de salud.
No obstante, los investigadores advierten limitaciones importantes. Las tasas de abandono de los estudios fueron altas y los resultados mostraron heterogeneidad. Además, la IA no reproduce aspectos fundamentales de la comunicación humana, como la empatía o la interpretación de señales emocionales sutiles. El proceso de dejar de fumar implica factores personales y emocionales que la tecnología aún no puede interpretar ni acompañar plenamente.
CAPACIDAD ANALÍTICA
Esa diferencia se refleja también en el entorno comercial. Muchos consumidores de vapeo prefieren acudir a tiendas físicas antes que comprar en línea, ya que el contacto directo con los vendedores permite obtener orientación y acompañamiento. Estos espacios se han convertido en puntos informales de apoyo para quienes buscan alternativas al cigarrillo tradicional.
Aunque la IA puede ampliar el alcance y la eficiencia de las estrategias de cesación, su valor depende de la forma en que se combine con la intervención humana. Modelos híbridos que integren la capacidad analítica de los sistemas automatizados con la experiencia y la comprensión del personal sanitario podrían ofrecer los mejores resultados.
El futuro del control del tabaco probablemente se base en esta colaboración: tecnología que facilite el acceso y profesionales que mantengan la conexión humana necesaria para sostener el cambio de comportamiento.
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