La Organización Mundial de la Salud (OMS) propone que los países apliquen a los cigarrillos electrónicos, las bolsas de nicotina y el tabaco calentado reglas equivalentes a las que rigen para los cigarrillos convencionales, incluidas posibles prohibiciones. Según especialistas en control del tabaco, estas medidas pueden desalentar a los fumadores que buscan alternativas de menor riesgo y mantener altas las tasas de consumo de cigarrillos.
La OMS presentó su documento “Posición de la OMS sobre el control del tabaco y la reducción de daños”. En él, el director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, sostiene que los cigarrillos electrónicos no están facilitando el cambio de los fumadores a fuentes de nicotina con menor impacto sanitario, sino que están impulsando el consumo entre jóvenes.
La organización recomienda a los fumadores recurrir a líneas telefónicas de apoyo y terapias de reemplazo de nicotina. Sin embargo, estos métodos cuentan con tasas de abandono limitadas y un acceso restringido en países de ingresos bajos y medios, donde se concentra la mayoría de consumidores de tabaco y donde los sistemas de salud pública suelen tener menos recursos. Estos países dependen con frecuencia del asesoramiento de organismos internacionales, lo que convierte las directrices de la OMS en una referencia central para sus políticas.
MEDIDAS SIMILARES EN OTROS PAÍSES
En años recientes, la OMS ha destacado a gobiernos que han prohibido los cigarrillos electrónicos. Por otro lado, en 2019 reconoció a la India, con más de 250 millones de usuarios de tabaco y cerca de un millón de muertes anuales vinculadas al consumo, por establecer una prohibición nacional. En 2024 otorgó un premio a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria de Brasil por mantener la restricción al vapeo. Medidas similares rigen en Argentina, Tailandia, Vietnam y México, donde viven más de 70 millones de consumidores de tabaco. En todos estos países, los cigarrillos tradicionales continúan permitidos.
El documento de la OMS no incluye evidencia que muestre que los cigarrillos electrónicos o las bolsas de nicotina presenten riesgos iguales o mayores que fumar. Agencias de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, que financian al organismo y aplican políticas distintas entre sí, coinciden en que los dispositivos de vapeo son menos dañinos que los cigarrillos. La Revisión Cochrane, considerada una referencia en medicina basada en evidencia, concluye de forma recurrente que los cigarrillos electrónicos muestran mayores tasas de éxito para dejar de fumar que las terapias de reemplazo de nicotina.
El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido y Cancer Research UK informan de manera continua que los cigarrillos electrónicos presentan menos riesgos que los cigarrillos convencionales y, en algunos programas, el sistema sanitario británico entrega kits de vapeo a fumadores que participan en iniciativas para abandonar el tabaco.
ALGUNAS RESTRICCIONES AUMENTAN EL USO DE CIGARRILLOS CONVENCIONALES
En el Reino Unido, la caída sostenida del tabaquismo coincide con el crecimiento del uso de cigarrillos electrónicos. A finales de 2025, el número de vapeadores superó por primera vez al de fumadores. En otros países, como Suecia, el uso extendido de alternativas orales sin combustión, como el snus, está asociado con tasas más bajas de enfermedades vinculadas al consumo de tabaco.
Diversos estudios señalan que restricciones como incrementos de impuestos o prohibiciones de sabores en productos de vapeo producen un aumento del uso de cigarrillos tradicionales.
Aun así, la OMS mantiene su postura. Si los países no prohíben los cigarrillos electrónicos, el organismo recomienda aplicarles impuestos y normativas equivalentes a las del tabaco combustible. Para especialistas en reducción de daños, equiparar productos con perfiles de riesgo distintos puede limitar las opciones de quienes desean dejar de fumar y sostener los niveles de enfermedad relacionados con el tabaco.
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