Durante más de un siglo, el tabaquismo ha sido una de las principales causas de muerte prevenible en el mundo. En India, provoca más de un millón de fallecimientos al año; en Estados Unidos, casi medio millón; y en Europa, el consumo juvenil de nicotina se mezcla con mercados ilegales y vacíos regulatorios.
A pesar de este impacto, en muchos países las políticas públicas mantienen una postura restrictiva hacia la reducción de daños, en lugar de incorporarla como estrategia sanitaria. Cada vez más profesionales de la salud cuestionan este enfoque y reclaman que las decisiones gubernamentales se basen en la evidencia científica.
INDIA
En 2019, India prohibió la fabricación, venta y almacenamiento de cigarrillos electrónicos mediante la Ley de Prohibición de los Cigarrillos Electrónicos. Seis años después, el consumo de tabaco sigue siendo elevado: más de 253 millones de personas lo usan, en muchas ocasiones en formas de alto riesgo como bidis o gutha.
Lejos de reducir la demanda, la medida favoreció la aparición de un mercado ilegal donde los dispositivos de vapeo no regulados se comercializan en tiendas y a través de internet.
Dos médicos del Instituto de Ciencias Médicas de la India (AIIMS), Vaibhav Sahni y Abhishek Shankar, propusieron reconsiderar los sistemas electrónicos de administración de nicotina (ENDS) como parte de una estrategia regulada de reducción de daños. Argumentaron que la regulación basada en evidencia podría tener más impacto que la prohibición total. Sin embargo, el AIIMS se distanció de su postura y reiteró su respaldo a la prohibición de 2019.
FALTA DE INFORMACIÓN
En Estados Unidos, un informe elaborado por Philip Morris International reveló que la mayoría de médicos desconoce los fundamentos de la reducción de daños en tabaco. Según la encuesta a más de 1.500 profesionales, el 93% consideró que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) debería difundir cuando un producto sin combustión es menos dañino que los cigarrillos tradicionales, y afirmaron que transmitirían esa información a sus pacientes.
No obstante, la falta de comunicación oficial ha generado confusión: dos tercios de los encuestados creen, de forma incorrecta, que la nicotina causa cáncer. En realidad, los principales daños provienen de la combustión del tabaco. Esta percepción mantiene un modelo rígido: dejar de fumar por completo o continuar con el cigarrillo convencional.
En un país donde más de 30 millones de personas siguen fumando, los expertos señalan que la reducción de daños podría disminuir la carga sanitaria y económica, especialmente entre poblaciones vulnerables. Para ello, sería necesario mejorar la formación médica, garantizar claridad regulatoria y diferenciar entre productos combustibles y no combustibles.
JUVENTUD Y ACCESO ILEGAL EN EUROPA
En Europa, el acceso de menores a productos de vapeo preocupa a las autoridades. En Países Bajos, médicos presentaron una denuncia contra la red social Snapchat, acusándola de permitir la venta ilegal a adolescentes mediante códigos y jerga.
Estudios recientes muestran que uno de cada cuatro jóvenes de 12 a 16 años ya probó el vapeo, y un porcentaje menor lo consume a diario. A pesar de que en 2024 se prohibieron los dispositivos desechables con sabores, estos siguen disponibles en el mercado negro, con concentraciones de nicotina superiores a los productos legales.
UN RETO GLOBAL
Los casos de India, Estados Unidos y Europa muestran un patrón común: la prohibición impulsa mercados clandestinos, la falta de información limita a los profesionales de la salud y los pacientes quedan sin alternativas reguladas.
Cada vez más médicos, desde hospitales en Delhi hasta clínicas en Washington o Ámsterdam, piden integrar la reducción de daños en las políticas de control del tabaco. La propuesta no sustituye al abandono total del consumo, considerado siempre la mejor opción, pero busca ofrecer a quienes no logran dejarlo productos más seguros y bajo regulación estricta.
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