Algunos consumidores eligen persistentemente los vapes o cigarrillos electrónicos desechables en lugar de los modelos reutilizables. He aquí por qué.
El crecimiento en el uso de vapes y cigarrillos electrónicos desechables plantea preguntas sobre qué impulsa a ciertos consumidores a preferirlos frente a los dispositivos recargables, más duraderos y personalizables.
LA CONTRADICCIÓN INTERNA
Para quienes defienden no ser usuarios habituales, la compra de un dispositivo desechable puede generar una tensión entre lo que creen y lo que hacen. El psicólogo Leon Festinger en 1957 describió este fenómeno como disonancia cognitiva: el malestar que surge al actuar en contra de las propias convicciones.
En el caso del vapeo, muchos usuarios justifican la compra de un desechable como algo puntual. Lo presentan como una excepción —“solo una prueba” o “una necesidad momentánea”— que les permite reducir la incomodidad de estar adoptando un hábito que no reconocen como propio.
El comportamiento se asemeja al de quienes dicen preocuparse por el medio ambiente pero, de manera ocasional, consumen agua en botella plástica sin considerar que eso comprometa su postura general.
DISTANCIA SIMBÓLICA
La elección de un dispositivo de un solo uso también cumple otra función: marcar distancia con la identidad del “vapeador”. Este mecanismo, conocido como distanciamiento de identidad, permite a los consumidores presentarse como usuarios ocasionales y no como parte del grupo estable de quienes vapean a diario.
El paralelo puede verse en otros contextos. Una persona que paga entradas individuales a un gimnasio evita verse como miembro fijo, y alguien que visita un evento de videojuegos sin reconocerse como “jugador” refuerza esa separación simbólica. En el caso de los desechables, la diferencia frente a los recargables ayuda a trazar esa línea.
Las teorías de Henri Tajfel y John Turner sobre identidad social aportan otra explicación: las personas buscan mantener una imagen favorable alineándose con grupos a los que quieren pertenecer y alejándose de aquellos con los que no desean ser asociados. En este sentido, el cigarrillo electrónico desechable permite mantener la cercanía con quienes no fuman, al tiempo que se evita el estigma de ser identificado como un “vapeador real”.
MÁS QUE UN PRODUCTO PRÁCTICO
La decisión de optar por un vape desechable no se limita a la conveniencia. Responde también a un proceso psicológico que equilibra la autoimagen, las creencias y las prácticas. Al tratarlo como algo temporal, los usuarios pueden sostener la idea de que el vapeo no forma parte estable de su vida.
Estudios como los de Festinger sobre la disonancia cognitiva (1957), los de Tajfel y Turner sobre identidad social (1979) y las investigaciones de Blake Ashforth y Fred Mael en el ámbito organizacional (1989) han mostrado cómo las personas negocian su pertenencia a distintos grupos y cómo manejan las tensiones entre valores y conductas.
Estos factores explican en parte por qué los vapes desechables se han consolidado en el mercado, incluso entre quienes ya tenían acceso a dispositivos recargables. El reto para el vapeo tradicional será responder a esas motivaciones psicológicas, además de competir en marketing y distribución, si quiere recuperar el terreno perdido.
y luego