El consumo de tabaco continúa representando un problema de salud entre los veteranos militares de Estados Unidos, pese al descenso registrado en las tasas de tabaquismo de la población general. Los datos disponibles apuntan a una mayor prevalencia entre quienes han formado parte de las Fuerzas Armadas, especialmente entre determinados grupos de edad.
En Kentucky, donde viven alrededor de 230.000 veteranos, la situación ha llevado a plantear la necesidad de reforzar las estrategias destinadas a ayudar a quienes todavía fuman. Durante años, las campañas de prevención se han dirigido principalmente a evitar que los jóvenes comiencen a consumir tabaco, mientras que las necesidades específicas de los veteranos han recibido una atención diferente.
El entorno militar puede influir en el inicio y mantenimiento del consumo. El estrés asociado al servicio, los despliegues, las lesiones, el dolor y los cambios en las rutinas pueden favorecer el uso del tabaco. A estos factores se suma la cultura existente en determinados entornos militares, donde fumar ha estado históricamente integrado en algunas dinámicas sociales.
SERVICIOS DE SALUD MENTAL
Los datos de las encuestas nacionales de salud muestran que el tabaquismo continúa presente entre los adultos de mediana edad y los veteranos de mayor edad. Dentro del sistema sanitario del Departamento de Asuntos de los Veteranos de Estados Unidos (VA), alrededor del 10% de las personas inscritas sigue fumando. Aunque esta proporción supone un descenso respecto a años anteriores, permanece por encima de la registrada en otros grupos de población.
La dificultad para abandonar el tabaco también puede estar relacionada con otras circunstancias que afectan a algunos veteranos. El dolor crónico, el estrés asociado a experiencias traumáticas y determinados problemas de salud mental pueden complicar los procesos de abandono. Por este motivo, distintos estudios han analizado la incorporación de programas para dejar de fumar dentro de los servicios de salud mental y la utilización de intervenciones adaptadas a las características de la población militar.
Estas estrategias incluyen un contacto más directo con los fumadores, en lugar de depender únicamente de que sean ellos quienes soliciten ayuda. También se han estudiado programas que tienen en cuenta los factores asociados al servicio militar y los desencadenantes relacionados con situaciones traumáticas.
Otro de los aspectos abordados es la reducción de la exposición a los componentes generados durante la combustión. Los cigarrillos convencionales producen humo que contiene numerosas sustancias tóxicas vinculadas a enfermedades como el cáncer, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y las patologías cardiovasculares. Las alternativas sin combustión evitan la generación de buena parte de estos productos derivados de la combustión.
LOS RIESGOS ASOCIADOS
En este contexto, los enfoques de reducción del daño plantean distintas opciones para las personas que todavía no han abandonado el consumo de nicotina. El objetivo es diferenciar los riesgos asociados a la nicotina de aquellos derivados principalmente de la combustión del tabaco.
Precisamente, la percepción sobre la nicotina constituye otra de las cuestiones presentes en los programas de abandono. Algunas encuestas realizadas entre profesionales sanitarios han detectado confusión sobre el papel que desempeña esta sustancia en las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. La evidencia científica diferencia entre los efectos de la nicotina y los daños producidos por la inhalación del humo procedente de la combustión.
Abandonar el consumo puede aportar beneficios incluso cuando la persona lleva muchos años fumando. Un análisis publicado en 2024 en el American Journal of Preventive Medicine concluyó que dejar de fumar durante la edad adulta puede asociarse con una reducción del riesgo de enfermedad y muerte prematura. La interrupción del consumo también puede contribuir a mejorar la calidad de vida y reducir determinados riesgos cardiovasculares y respiratorios.
DESESCADENANTES
En el caso de los veteranos, los beneficios pueden tener además una relación directa con su recuperación física. Una mejor función respiratoria y una menor incidencia de complicaciones asociadas al tabaquismo pueden favorecer la capacidad para realizar actividad física y afrontar procesos de recuperación después de lesiones o intervenciones quirúrgicas.
Los programas dirigidos específicamente a esta población también contemplan medidas como la identificación de los desencadenantes relacionados con el estrés, la creación de rutinas alternativas al consumo y el apoyo de redes sociales y grupos de compañeros veteranos.
La reducción del tabaquismo entre los miembros de las Fuerzas Armadas y los veteranos pasa así por combinar las estrategias de prevención y abandono con intervenciones adaptadas a las circunstancias de esta población. Los programas de apoyo, el acceso a tratamientos basados en la evidencia y la información sobre las distintas alternativas disponibles forman parte de las herramientas utilizadas para abordar el consumo de tabaco a largo plazo.
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