En el corazón de Alcobendas, el estanco de Ángela Gómez Gómez es un símbolo de tradición y perseverancia. A sus 73 años, Ángela ha dedicado su vida al negocio familiar, un legado que ahora comparten sus dos hijas, Mónica y Beatriz, ambas dueñas de dos expendedurías. Este estanco no solo representa el esfuerzo de una mujer incansable, sino también el relevo generacional de tres mujeres que han sabido mantener y adaptar el negocio a los tiempos modernos, demostrando que la pasión y el trabajo duro son la clave del éxito.
¿Cómo empezó a trabajar en el estanco?
Llegué a Madrid con 7 años desde un pequeño pueblo de Extremadura, Pescueza, a la calle Arenal. Mi padre era el conserje de un edificio y vivíamos 6 personas en la Portería. En el edificio vivía un importante abogado de la época, que nos informó de la posibilidad de solicitar una licencia de estanco, ya que mi padre era mutilado de guerra. Vendimos la casa del pueblo y nos concedieron el estanco en Alcobendas.
En aquella época el tabaco estaba escaso, así que iba a buscarlo por la Sierra, comprando un cartón aquí y otro allá, para no quedarnos sin stock.
¿Cómo ha hecho para conciliar la vida familiar, personal y laboral?
Mis hijas se han criado en el estanco. Su abuela materna, que vivía en la calle de al lado, las cuidaba. Estaban en su casa o en la trastienda del estanco haciendo los deberes cuando salían del colegio. Siempre han pasado más tiempo en el estanco que en casa.
¿Quiénes forman el equipo de trabajo de la expendeduría?
Ahora mismo, Silvia, que es como otra hija para mí, y también Sandra y Yoli. En 55 años han pasado muchas personas por el estanco, tanto primos como sobrinos. Mis hijas tienen sus propias expendedurías en Algete y en San Sebastián de los Reyes, pero me ayudan todo lo que pueden.
¿Qué innovaciones le han hecho al negocio en los últimos tiempos?
Hace cuatro años hicimos una reforma completa. Antes era mucho más grande, con la lotería por un lado y el tabaco por otro. Decidimos juntar todo para hacerlo más cómodo. Los tiempos han cambiado mucho y hemos ido adaptándonos.
¿Cree que el sector ha estado tradicionalmente enfocado en la figura del hombre?
Anteriormente, el negocio era más de hombres. Antes, el 80% de los estanqueros eran hombres y el 20% mujeres. Pero nosotras creemos en la igualdad. Si te esfuerzas y trabajas, lo consigues. He sido número uno a nivel nacional en los 90, siendo mujer, y nadie me ha puesto trabas. Con los hombres no hemos tenido problemas; si trabajas al mismo nivel, te respetan igual. He sido muy querida en el sector del tabaco y he viajado por todo el mundo gracias a él.
¿Cree en el lenguaje inclusivo como una herramienta para fomentar la igualdad y la diversidad?
No creemos que el lenguaje inclusivo sea necesario. Lo importante es el respeto, independientemente de cómo te llamen. Lo de «ellas» y «elles» no es necesario si hay respeto y educación.
¿Cómo ve el liderazgo femenino hoy en día?
Responde Mónica hija: somos tres mujeres, con carácter, pero, hay que reconocer la figura de mi padre. Todas las inversiones y negocios los ha gestionado mi madre, apoyada por mi padre, siempre ha estado apoyándola y acompañándola. Hemos vivido en un liderazgo femenino, nuestra abuela era una mujer con mucho carácter y nuestra madre igual.
Ángela madre: en la familia, hemos mandado más las mujeres que los hombres.
¿Cree que se nos exige más a las mujeres por el solo hecho de serlo?
En este gremio no, quizás en otros sí. Recuerdo llorar cuando no nos quedaba tabaco porque quería comprarlo para poder venderlo. Tenía 18 o 20 años, y cuando el jefe de Tabacalera me firmaba un cajón, estaba tan contenta que me hacía todo el trayecto de vuelta cantando. Cargaba cajas de tabaco en Tabacalera (antes de ser Logista) sola a las siete de la mañana, y mi hija dormía en los asientos para no dejarla sola en casa.
Recuerdo que un día me faltaron 40.000 pesetas y no podía parar de llorar. Una paisana mía me prestó el dinero que me faltaba para poder comprar el tabaco. Muchas de estas historias no las han vivido los estanqueros nuevos; la mayoría de los que han vivido lo mismo que yo ya están jubilados.
Aquí hemos vendido tabaco a gente muy importante, antes se fumaba mucho Ideales al cuadrado. Solían venir los chóferes a comprar tabaco a nuestro estanco. Antes se vendía mucho más tabaco negro que rubio. La cosa ha cambiado mucho.
¿Siente que alguna vez no se confió en usted por ser mujer, pero al final demostró que podía?
La credencial del estanco estaba a nombre de mi padre porque yo no tenía la edad suficiente. Mi padre me la cedió, podría habérsela dado a cualquiera de mis hermanos, pero confió en mí, ya que le demostré que era la más trabajadora. Abrí el estanco con 17 años y en mayo de ese año cumplí 18.
¿Qué mujeres le han inspirado en su vida?
Mi madre, sobre todo. En el pueblo, ella era la panadera, la modista, la que segaba, la que blanqueaba las casas. Si preguntas por ella en mi pueblo, todos la recuerdan. Hacía de todo y me ayudó mucho a criar a mis hijas.
Nosotras nunca llegaremos a la suela de los zapatos de nuestra madre, -concluyen las hijas, – porque es imposible trabajar tanto y llegar tan lejos. Aquí estamos, intentándolo.
Ángela madre: que va, ellas valen más.
Mónica hija: nuestra madre dejó de estudiar a los 8 años para ocuparse de sus hermanos pequeños. Si hubiera seguido estudiando, habría sido presidenta del Gobierno, no nos cabe duda. Con 18 años se sacó el carnet de conducir, algo raro para una mujer en esa época. Cuando se casaron, se fueron de luna de miel a Galicia y ella conducía, porque mi padre no tenía aun el carnet de conducir. Nosotras siempre hemos vivido la igualdad y el liderazgo femenino.
Ángela madre: me habría gustado estar en alguna Asociación para involucrarme aún más. Pero estoy muy agradecida con el Ayuntamiento de Alcobendas y todo el sector del Tabaco, he recibido muchos premios y reconocimientos.
y luego