Varios antiguos responsables de la Organización Mundial de la Salud presentaron esta semana un diagnóstico crítico sobre la estrategia internacional contra el tabaquismo. Después de años defendiendo medidas centradas en la prohibición, han admitido que excluir herramientas de reducción de daños ha generado consecuencias graves. Su propuesta es incorporar productos de menor riesgo, como cigarrillos electrónicos, dispositivos de tabaco calentado y bolas de nicotina, en los planes para disminuir el consumo de tabaco convencional.
El planteamiento aparece en un informe firmado por Tikki Pang, que dirigió el área de Investigación en Políticas de la OMS, y por Derek Yach, impulsor del Convenio Marco para el Control del Tabaco. El documento calcula que, si dos de cada diez fumadores adoptaran alternativas de riesgo reducido en la próxima década, la mortalidad vinculada al tabaquismo podría disminuir a la mitad para el año 2060. Según sus estimaciones, la combinación de estas herramientas con programas de abandono y detección temprana evitaría más de tres millones de muertes anuales.
OPCIÓN DE MENOR IMPACTO
El informe se ha publicado en la antesala de la undécima Conferencia de las Partes del Convenio Marco, que ha tenido lugar en Ginebra. Los autores alertan de que las negociaciones podrían derivar en normas más estrictas para estos productos, pese a los datos que señalan beneficios potenciales. Sostienen que la combustión del tabaco es el principal factor de enfermedad y que la evidencia científica sitúa al vapeo como una opción de impacto menor frente al cigarrillo tradicional.
Los firmantes solicitan que los gobiernos dejen de equiparar los productos sin humo con los cigarrillos convencionales. Mencionan los casos de Suecia y Reino Unido, donde políticas de reducción de daños han coincidido con niveles de tabaquismo inferiores al cinco por ciento, umbral considerado referencia para un país libre de humo.
El grupo advierte que mantener el enfoque actual colocaría a los países de ingresos bajos y medios ante un escenario de presión sanitaria y económica durante las próximas décadas. El informe afirma que la reducción de daños podría generar beneficios sanitarios comparables solo a los obtenidos por las campañas de vacunación.
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