Un reciente informe de la encuestadora Roy Morgan muestra que tanto el tabaquismo como el uso de cigarrillos electrónicos han aumentado en Australia tras las restricciones impuestas por el gobierno en 2024 sobre los vapes con nicotina. El repunte revierte años de descenso sostenido en el consumo de tabaco y plantea dudas sobre la eficacia de la actual política de control.
Australia mantiene uno de los marcos regulatorios más estrictos del mundo en materia de nicotina. Los productos de tabaco están sometidos a altos impuestos, mientras que los dispositivos de vapeo con nicotina continúan prohibidos para los consumidores. Estas medidas buscaban reducir el tabaquismo y evitar que los jóvenes adoptaran el vapeo, pero los datos indican que no se han alcanzado esos objetivos.
La encuesta de Roy Morgan y estimaciones de la industria calculan que entre un 30% y un 40% del tabaco consumido en el país procede ya del mercado ilegal. Los cigarrillos de contrabando, vendidos a precios muy por debajo de los legales y sin cumplir normas de empaquetado ni advertencias sanitarias, circulan ampliamente. Paralelamente, el mercado clandestino de vapes se ha convertido en el segundo mayor comercio de drogas ilícitas, solo por detrás del cannabis.
Las consecuencias van más allá del consumo. Desde 2023 se han registrado más de 220 ataques incendiarios, varios homicidios y casos de extorsión vinculados al tráfico ilegal de tabaco y vapes. La dependencia del gobierno de la represión policial y de sanciones más duras no ha reducido la oferta, sino que ha impulsado un negocio clandestino más rentable para grupos delictivos.
UNA ALTERNATIVA REGULADA
En contraste, países como Nueva Zelanda, Suecia y el Reino Unido han adoptado políticas de reducción de daños. Allí los productos alternativos de menor riesgo, como los vapes regulados, se han hecho más accesibles que los cigarrillos. En Nueva Zelanda, donde se autorizó la venta controlada de vapes en 2020, la tasa de tabaquismo adulto se ha reducido al doble de la velocidad registrada en Australia. Entre la población maorí y los sectores socioeconómicos más bajos, las caídas han sido aún más significativas.
Expertos en salud pública señalan que estas diferencias se explican por la estrategia aplicada: ofrecer a los fumadores adultos una alternativa regulada, más barata y más accesible que el cigarrillo tradicional. De este modo, se evita también que el mercado negro se expanda.
En Australia, grupos como Harm Reduction Australia proponen reformas que incluyan un mercado legal de productos de nicotina de menor riesgo, una reducción del impuesto al tabaco para debilitar el contrabando y mayor inversión en regulación y campañas educativas en lugar de represión.
Los datos de Roy Morgan refuerzan la idea de que la actual estrategia no está cumpliendo sus metas. Si no hay cambios, las proyecciones apuntan a un aumento adicional del tabaquismo, mayor expansión del comercio ilícito y más riesgos de violencia asociados.
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