El debate sobre los efectos de los cigarrillos electrónicos y del vapeo frente al tabaco convencional volvió a cobrar protagonismo después de que el Taoiseach irlandés, Micheál Martin, afirmara que los vapes son «casi peores» que los cigarrillos. La evidencia científica disponible hasta ahora muestra diferencias entre ambos productos, aunque también señala que el vapeo no está exento de riesgos y que todavía existen incógnitas sobre sus efectos a largo plazo.
Durante un acto de Fianna Fáil celebrado el 8 de septiembre en Tullamore, en el condado de Offaly, Martin defendió una regulación más estricta de los cigarrillos electrónicos. En su intervención afirmó que se desconoce en algunos casos la composición de estos productos. También hizo referencia al exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, Anthony Fauci, y a otros expertos para respaldar sus declaraciones.
La evidencia científica disponible
Una de las dificultades para estudiar de forma aislada los efectos del vapeo es que existe un elevado solapamiento entre quienes utilizan cigarrillos electrónicos y quienes fuman o han fumado anteriormente. Según la encuesta Healthy Ireland 2025, solo el 17% de las personas que vapean nunca había fumado. Esta circunstancia puede influir en los resultados de algunas investigaciones y dificulta separar los efectos asociados exclusivamente al vapeo.
El Health Service Executive (HSE), el servicio público de salud de Irlanda, señala que, en comparación con los cigarrillos, el vapeo puede ser menos perjudicial y que permite administrar nicotina con una exposición menor a determinadas sustancias tóxicas. Al mismo tiempo, advierte de que todavía se están estudiando los efectos a largo plazo de los cigarrillos electrónicos.
Entre los posibles efectos asociados al vapeo figuran daños en los pulmones, el corazón y los vasos sanguíneos, además de la exposición a diferentes sustancias tóxicas. Por ello, las autoridades sanitarias no consideran que los cigarrillos electrónicos estén exentos de riesgos.
La revisión encargada en 2022 por la Office for Health Improvement and Disparities (OHID) del Reino Unido comparó diferentes biomarcadores relacionados con la exposición a sustancias perjudiciales y con posibles daños en el organismo. Sus autores observaron niveles considerablemente inferiores de nitrosaminas y otros compuestos vinculados al tabaco entre las personas que vapeaban frente a quienes fumaban.
A esta investigación se suma un informe publicado en 2024 por el Royal College of Physicians de Londres. El documento concluyó que existían evidencias de que los cigarrillos electrónicos provocan menos daños para la salud que el tabaco combustible. No obstante, también señaló limitaciones en la investigación disponible, entre ellas el tamaño reducido de algunas muestras y la falta de información suficiente sobre los efectos que pueden aparecer después de muchos años de consumo.
Nuevas investigaciones introducen matices
Un estudio publicado en Estados Unidos en 2026 analizó investigaciones anteriores sobre las consecuencias del vapeo y el tabaquismo. El trabajo señaló que existe un conjunto creciente de estudios que relacionan los cigarrillos electrónicos con determinadas enfermedades y que, en algunos casos, los resultados pueden aproximarse a los observados entre fumadores.
Sin embargo, los resultados no establecieron que el vapeo sea, de forma general, tan perjudicial o más perjudicial que fumar. En las comparaciones directas analizadas, algunos riesgos presentaron diferencias entre ambos hábitos. Entre ellos se encontraban la enfermedad oral, el asma, las enfermedades cardiovasculares, el accidente cerebrovascular y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), con estimaciones inferiores entre los usuarios de cigarrillos electrónicos.
El estudio también señaló limitaciones metodológicas. Una parte importante de las estimaciones procedía de investigaciones transversales, en las que resulta más difícil determinar la relación causal entre una exposición y una enfermedad. Además, el historial previo de tabaquismo de muchos usuarios de cigarrillos electrónicos dificulta establecer qué efectos corresponden específicamente al vapeo.
La combustión marca una diferencia
Los expertos consultados también establecieron diferencias entre ambos productos. Nicola Lindson, profesora asociada de la Universidad de Oxford e investigadora especializada en adicción al tabaco y tratamientos para dejar de fumar, señaló que el conjunto de la evidencia disponible indica que vapear es menos perjudicial que fumar.
Una de las principales diferencias se encuentra en la combustión. Al fumar un cigarrillo se quema tabaco, un proceso que genera numerosas sustancias químicas perjudiciales. Los cigarrillos electrónicos, en cambio, no utilizan este proceso de combustión.
Lindson también subrayó que todavía no se conocen todos los efectos que el vapeo puede producir a largo plazo, debido a que no existe un periodo de seguimiento suficientemente amplio para determinar todas sus consecuencias.
En la misma línea, Jamie Hartmann-Boyce, profesor asociado de la Universidad de Massachusetts especializado en medicina basada en la evidencia y políticas de control del tabaco, afirmó que las evidencias disponibles indican que los cigarrillos electrónicos son considerablemente menos perjudiciales que fumar. Al mismo tiempo, señaló que las características de los dispositivos y de los líquidos utilizados pueden modificar su perfil de riesgo.
El consumo dual añade otra variable
El uso simultáneo de cigarrillos electrónicos y tabaco convencional constituye otro elemento relevante en la interpretación de los estudios. La elevada presencia de consumidores que combinan ambos productos dificulta determinar los efectos atribuibles exclusivamente al vapeo.
El profesor Stanton Glantz, director fundador del Center for Tobacco Control Research and Education de la Universidad de California y participante en una de las investigaciones analizadas, sostuvo que el vapeo puede estar relacionado con algunas de las mismas enfermedades que el tabaquismo. También distinguió entre quienes utilizan exclusivamente cigarrillos electrónicos y quienes combinan su consumo con cigarrillos tradicionales.
En conjunto, los estudios revisados muestran que los cigarrillos electrónicos presentan riesgos para la salud y que todavía existen incertidumbres sobre sus consecuencias a largo plazo. Sin embargo, la evidencia citada en el análisis no establece que sean, de forma general, «casi peores» que los cigarrillos convencionales. Las investigaciones disponibles apuntan a diferencias en determinados indicadores y, en varios de ellos, a un menor riesgo asociado al vapeo frente al consumo de tabaco combustible.
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