La COP11 terminó sin nuevas decisiones de gran alcance, pero el debate internacional sobre la regulación de los productos con nicotina continúa abierto. Según el análisis difundido por Global Institute for Novel Nicotine (GINN), la postura de la Organización Mundial de la Salud permanece centrada en tratar los productos no combustibles en la misma categoría que los cigarrillos tradicionales. La organización mantiene este criterio pese a la evidencia científica que identifica la combustión del tabaco como el principal origen del daño para la salud.
Este enfoque condiciona las orientaciones técnicas de la OMS, aunque no obliga a su adopción directa en la legislación europea. El marco normativo, los patrones de consumo y las políticas de salud pública en Europa se desarrollan en un contexto distinto al global, lo que plantea dudas sobre la conveniencia de replicar las recomendaciones sin adaptación.
UN MAPA POLÍTICO DIVIDIDO
La COP11 dejó claro que los países ya no avanzan en una sola dirección. Se observó una separación creciente entre quienes respaldan restricciones amplias y quienes defienden políticas basadas en la reducción de daños.
Francia, Bélgica, Países Bajos y Dinamarca apoyaron la línea restrictiva impulsada por la OMS, centrada en limitar la disponibilidad de todos los productos con nicotina y en evitar su uso por parte de menores. En sentido contrario, Suecia, Italia, República Checa, Rumanía y Grecia, entre otros, destacaron los resultados de permitir alternativas reguladas que no implican combustión. El caso sueco, con niveles muy bajos de consumo de cigarrillos, fue presentado como evidencia de que el acceso a opciones distintas puede reducir el tabaquismo entre adultos.
Este contraste refleja un cambio en el foco del debate. La discusión ya no se limita a la tecnología utilizada por los productos, sino a qué países están dispuestos a fundamentar sus regulaciones en resultados medibles.
SIN MEDIDAS NUEVAS, PERO CON EL MISMO MARCO CONCEPTUAL
Aunque no hubo nuevos mandatos, la OMS mantuvo su narrativa: considerar todo uso de nicotina como un riesgo sin distinguir entre productos combustibles y no combustibles. Este planteamiento difiere de la experiencia de usuarios en Europa que dejaron de fumar mediante alternativas sin combustión, así como del consenso científico que sitúa la combustión como el factor crítico.
La preocupación en algunos sectores europeos es que una adopción directa del lenguaje técnico de la OMS podría llevar a normativas que igualen todos los productos sin atender al riesgo relativo, lo que chocaría con el enfoque regulatorio europeo basado en la evaluación de evidencia.
LA NECESIDAD DE UN CRITERIO PROPIO EN EUROPA
En el ámbito europeo, el punto central sigue siendo que el daño relacionado con el tabaco proviene de la combustión. Los productos sin combustión, como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado o las bolsitas de nicotina, eliminan ese proceso. Los países que integraron esta diferencia en sus regulaciones registraron descensos más rápidos del tabaquismo.
Para avanzar, Europa analiza políticas que incluyan:
- Regulación proporcional al nivel de riesgo verificado
- Información clara para los consumidores
- Protección estricta de menores
- Acceso regulado para adultos
- Estándares de fabricación que aseguren calidad y seguridad
Este enfoque permitiría mantener el liderazgo europeo en políticas de salud pública y regulación, sin incorporar sin ajustes la línea de la OMS.
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