Las grandes compañías de cigarrillos electrónicos, han ejercido presión en Nueva Zelanda y Australia para flexibilizar las normativas sobre el vapeo y frenar la implementación de regulaciones más estrictas. Su principal argumento es que el uso de estos dispositivos ha desplazado el consumo de tabaco entre los jóvenes neozelandeses, sugiriendo que los adolescentes prefieren vapear en lugar de fumar cigarrillos tradicionales.
Esta afirmación se basa en un estudio publicado en 2020 en la revista Lancet Public Health, el cual sugería que la caída en las tasas de tabaquismo juvenil durante los seis años previos podría estar relacionada con la popularización del vapeo. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Lancet Regional Health-Western Pacific contradice esta conclusión tras analizar los mismos datos.
UN ANÁLISIS MÁS PROFUNDO DE LA EVIDENCIA
Utilizando un modelo de regresión logística, los investigadores examinaron los datos de casi 700.000 estudiantes de secundaria de 14 y 15 años en Nueva Zelanda, recopilados entre 1999 y 2023. Se observó que, aunque las tasas de tabaquismo juvenil han disminuido de manera significativa en las últimas décadas, el ritmo de esa reducción se desaceleró tras la aparición del vapeo en 2010.
Si el vapeo realmente estuviera desplazando el consumo de cigarrillos tradicionales, se esperaría una caída más acelerada en las tasas de tabaquismo juvenil. Sin embargo, los datos muestran que, tras la introducción del vapeo, la disminución en el número de adolescentes que fuman de manera ocasional o regular se ha ralentizado.
En 2023, el 12,6% de los adolescentes neozelandeses había probado el tabaco al menos una vez, pero si la tendencia previa a 2010 se hubiera mantenido sin cambios, esa cifra habría sido del 6,6%. Asimismo, el 3% de los jóvenes fumaba regularmente, cuando, de haberse mantenido la tendencia anterior, solo un 1,8% lo haría.
Algunos críticos podrían argumentar que el año 2010 no es el punto de referencia ideal para evaluar el impacto del vapeo en el tabaquismo juvenil. Para abordar esta preocupación, los investigadores probaron con distintos períodos entre 2008 y 2018, obteniendo resultados consistentes en todos los casos. También descartaron que el cambio en las tasas de tabaquismo se debiera a la variación en los precios de los cigarrillos, ya que, incluso después de ajustar por estos factores, los hallazgos siguieron siendo los mismos.
EL ERROR DEL ESTUDIO DE 2020 Y SU IMPACTO EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS
El estudio de 2020 se centró únicamente en la disminución del tabaquismo entre 2014 y 2019, cuando el vapeo ya estaba extendido, sin analizar si esa caída seguía una tendencia previa o si se había desacelerado. Como resultado, sus conclusiones atribuyeron erróneamente la disminución del tabaquismo al auge del vapeo sin considerar otras variables.
Esta investigación ha sido utilizada como respaldo por British American Tobacco en sus intervenciones ante comités gubernamentales en Nueva Zelanda y Australia, influyendo en las decisiones políticas sobre la regulación de los cigarrillos electrónicos. En múltiples ocasiones, la compañía ha citado el estudio de 2020 como evidencia para oponerse a normativas más estrictas sobre el vapeo.
y luego