En países como Nueva Zelanda, el vapeo con nicotina ha sido promovido como una alternativa menos nociva para quienes buscan dejar de fumar cigarrillos. Sin embargo, una nueva situación está emergiendo: muchas personas ahora quieren dejar de vapear, y no siempre encuentran el respaldo necesario para lograrlo.
Un reciente estudio realizado en Aotearoa, Nueva Zelanda, encuestó a más de 1.000 personas que han utilizado cigarrillos electrónicos con nicotina. El objetivo era entender mejor sus experiencias al intentar abandonar este hábito. De los 1.119 participantes, 401 eran usuarios activos y 718 habían dejado de vapear. Un dato relevante: uno de cada ocho encuestados nunca había fumado tabaco antes de comenzar a vapear.
Los resultados muestran que quienes usan vapes por más de dos años y consumen líquidos con concentraciones de nicotina superiores al 3% desarrollan una mayor dependencia. A pesar de haber sido útiles para dejar de fumar, estos dispositivos se han convertido para muchos en una nueva fuente de adicción.
Entre los motivos más comunes para querer dejar de vapear destacan preocupaciones por la salud, el deseo de liberarse de la dependencia y el elevado costo de los productos. Estas razones son similares a las que se citan al abandonar el tabaco, lo que sugiere que la experiencia de dejar de vapear presenta retos comparables.
FACTORES IMPORTANTES
La mayoría de las personas encuestadas había intentado dejar el vapeo al menos una vez. Algunas recurrieron al abandono total de forma abrupta, otras optaron por métodos alternativos como parches, chicles o pastillas de nicotina. También se reportó una reducción gradual del consumo o de la concentración de nicotina, así como apoyo emocional de familiares y amigos.
Estos enfoques se asemejan a los métodos usados tradicionalmente para dejar de fumar. No obstante, el proceso no es igual para todos. Mientras algunos lograron abandonar el vapeo sin dificultades, otros enfrentaron obstáculos como el estrés, los síntomas de abstinencia y la influencia social de estar rodeados de otros vapeadores.
Los factores que dificultan el abandono del vapeo fueron consistentes entre los distintos grupos, sin grandes diferencias según edad, género, origen cultural o historial previo con el tabaco. Esto indica que la dependencia puede desarrollarse de forma similar, independientemente de si alguien usó el vapeo como sustituto del tabaco o como primera experiencia con la nicotina.
PROGRAMAS ESPECÍFICOS
El estudio sugiere que los recursos ya existentes para dejar de fumar podrían ser útiles en este nuevo escenario. Estrategias como la gestión del estrés, la identificación de desencadenantes, el fortalecimiento de la confianza en uno mismo y la reducción gradual del consumo podrían adaptarse para apoyar el cese del vapeo.
Dado el aumento del uso de cigarrillos electrónicos entre adolescentes y personas que nunca fumaron, los expertos advierten que se requieren enfoques diferenciados según el grupo etario. Aunque el vapeo puede seguir siendo una herramienta de transición para dejar el tabaco, también debe integrarse en un plan que limite su uso a corto y medio plazo, tal como lo proponen las guías de salud pública en Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda.
La realidad actual es que el vapeo ya no es solo una estrategia para abandonar el cigarrillo. Para muchas personas, se ha convertido en un hábito del que también quieren desprenderse. Frente a esto, se plantea la necesidad de políticas y programas específicos para dejar de vapear.
Con base en estos hallazgos, ya se está llevando a cabo un ensayo clínico en Nueva Zelanda enfocado en apoyar el abandono del vapeo. Las personas interesadas en participar o recibir ayuda pueden acceder a más información y registrarse.
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