A veinte años de la entrada en vigor del Convenio Marco para el Control del Tabaco (FCTC) y más de quince desde la aplicación del paquete de medidas MPOWER, la Organización Mundial de la Salud enfrenta un punto crítico en su lucha contra el tabaquismo. Las cifras muestran que la disminución global del consumo de tabaco se ha desacelerado, lo que genera dudas sobre la eficacia de las estrategias actuales y la viabilidad de alcanzar los objetivos internacionales de salud pública.
El FCTC, adoptado en 2005, marcó un hito al establecer un marco legal para la cooperación entre países frente a la expansión del tabaquismo. En 2007, la OMS lanzó MPOWER, un conjunto de políticas diseñadas para reforzar su implementación: monitorear el consumo, proteger a la población del humo, ofrecer apoyo para dejar de fumar, advertir sobre los riesgos, restringir la publicidad y aumentar los impuestos.
NUEVAS POLÍTICAS
Según el informe mundial sobre la epidemia de tabaco de 2025, más del 75% de la población vive bajo al menos una de estas medidas. Sin embargo, solo cuatro países —Brasil, Turquía, Mauricio y los Países Bajos— han alcanzado el nivel más alto de cumplimiento. El ritmo de adopción de nuevas políticas se ha reducido y, en paralelo, la prevalencia del tabaquismo no disminuye al ritmo previsto.
La OMS había fijado como meta una reducción del 30% en la prevalencia global del tabaquismo para 2025, tomando 2010 como referencia. Las proyecciones indican que este objetivo no se cumplirá. En Europa, por ejemplo, la reducción estimada será de apenas 17%. A pesar de ello, la Unión Europea mantiene su propósito de bajar el consumo de tabaco por debajo del 5% para 2040, aunque los estudios sugieren que, al ritmo actual, esa meta podría no alcanzarse en este siglo.
Los datos del proyecto Global Burden of Disease estiman que la cantidad de personas que fuman disminuirá en 160 millones entre 2022 y 2050, pasando de 1.400 a 1.240 millones. El ritmo de descenso —unos 5,7 millones por año— está lejos del necesario para una erradicación efectiva.
QUÉ CAMINO DETERMINARÁ EL CONTROL GLOBAL DEL TABACO
Mientras tanto, en países donde los consumidores han migrado hacia alternativas de nicotina menos dañinas, como cigarrillos electrónicos, tabaco calentado o nicotina oral, las tasas de tabaquismo se han reducido con mayor rapidez. Casos como Suecia, Japón y Nueva Zelanda muestran descensos de hasta el 50% en la última década, lo que reabre el debate sobre la inclusión de políticas de reducción de daños dentro del marco del FCTC.
Especialistas que analizan el desempeño de MPOWER sostienen que insistir únicamente en la abstinencia de nicotina ha generado rendimientos decrecientes. Proponen incorporar estrategias que reconozcan un “continuo de riesgo” entre los diferentes productos, de modo que las políticas públicas prioricen la reducción del consumo de cigarrillos, la forma más nociva de uso de la nicotina.
El artículo que promueve este enfoque plantea que los médicos y profesionales de salud pública podrían ofrecer mejores resultados si contaran con directrices que incluyan la reducción de riesgos como parte del acompañamiento clínico. Esto permitiría atender a quienes no logran o no desean abandonar completamente la nicotina, evitando recaídas y mejorando la orientación terapéutica.
Las cifras confirman que la prevalencia del tabaquismo ha bajado, pero no con la velocidad necesaria para cumplir los compromisos internacionales. La OMS enfrenta ahora el desafío de revisar un sistema que, aunque efectivo en sus primeros años, ha perdido impulso. Expertos advierten que, sin ajustes sustanciales, la proyección de 1.200 millones de personas fumando en 2050 podría convertirse en realidad.
El debate se centra en si la comunidad internacional debe mantener la meta de un “mundo libre de nicotina” o avanzar hacia políticas pragmáticas basadas en evidencia científica que integren la reducción de daños como complemento del cese total. La próxima década será decisiva para determinar qué camino seguirá el control global del tabaco.
y luego