Un número significativo de personas en Estados Unidos sigue creyendo que la nicotina es la sustancia responsable del cáncer derivado del consumo de cigarrillos. Sin embargo, investigaciones científicas señalan que el verdadero riesgo proviene de la combustión del tabaco y no de la nicotina en sí. Ese malentendido, advierten especialistas, está limitando el uso de productos menos dañinos que podrían ayudar a reducir los efectos del tabaquismo.
La nicotina, un compuesto presente de manera natural en la planta de tabaco, es la causa principal de la adicción y dificulta que muchos fumadores abandonen el hábito. Pero el daño más severo proviene de las más de 70 sustancias cancerígenas generadas por la quema del cigarrillo, las cuales alteran el ADN y aumentan el riesgo de desarrollar cáncer, según explicó Jamie Hartmann-Boyce, investigadora de la Universidad de Massachusetts Amherst.
LA REDUCCIÓN DE DAÑOS ES POSIBLE
Durante décadas, cigarrillos y nicotina fueron casi sinónimos. Esa asociación llevó a que la confusión sobre sus riesgos no tuviera un gran impacto, pues servía como desincentivo para fumar. Sin embargo, el panorama cambió con la aparición de alternativas sin combustión, como los cigarrillos electrónicos, los parches y las gomas de nicotina, así como las bolsas orales autorizadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). Estos productos no están exentos de riesgos, pero exponen a los usuarios a menos sustancias dañinas que los cigarrillos tradicionales.
De acuerdo con Jonathan Foulds, investigador del Instituto del Cáncer de la Universidad Estatal de Pensilvania, la creencia de que la nicotina provoca cáncer puede desalentar a los fumadores a utilizar terapias de reemplazo o vaporizadores, herramientas que han demostrado aumentar las probabilidades de dejar de fumar con éxito. Encuestas de 2016 y 2018 muestran que los fumadores que reconocían la menor peligrosidad de estos productos frente al cigarrillo eran más propensos a emplearlos en sus intentos por abandonar el tabaco.
El reto, subrayan expertos en salud pública, es corregir la narrativa en torno a la nicotina. La meta no es promover su consumo entre personas no fumadoras, sino aclarar que la reducción de daños es posible si quienes ya fuman optan por alternativas menos riesgosas. Andrea Villanti, del Instituto Rutgers para Estudios de Nicotina y Tabaco, señaló que muchos jóvenes fumadores rechazan esas opciones porque consideran que reemplazar una adicción por otra no representa un beneficio.
LA PERCEPCIÓN DE LA NICOTINA
La percepción pública de la nicotina también enfrenta nuevos matices. Algunas investigaciones exploran su posible papel terapéutico, como en casos de síntomas persistentes de Covid-19, mientras que en redes sociales ciertos usuarios la vinculan con la pérdida de peso. Al mismo tiempo, compañías tabacaleras y de otros sectores apuestan por productos con nicotina como parte de su estrategia comercial. Especialistas como Olivia Wackowski, profesora de salud pública en Rutgers, advierten que existe el riesgo de que la sustancia sea presentada como parte de la industria del bienestar, repitiendo errores del pasado con cigarrillos “ligeros” o “naturales”.
Lo que se sabe con certeza es que la nicotina no provoca directamente cáncer, aunque sí conlleva riesgos: es altamente adictiva, puede afectar el desarrollo cerebral en adolescentes y el consumo durante el embarazo se relaciona con bajo peso al nacer y posibles daños en el desarrollo pulmonar de los bebés. Comparaciones con la cafeína sugieren que ambos estimulantes pueden tener efectos negativos en cerebros jóvenes, aunque la evidencia no es concluyente.
REDUCCIÓN DE NIVELES DE NICOTINA
Corregir la confusión es un desafío en un contexto de desconfianza hacia la industria tabacalera y hacia las instituciones gubernamentales. Una de las estrategias más señaladas es reforzar la capacitación de médicos y profesionales de la salud, dado que más del 60% cree que todos los productos de tabaco tienen el mismo nivel de riesgo. Para los fumadores, su médico suele ser la fuente de información más confiable sobre tabaco y salud.
La necesidad de precisión en este debate cobra especial relevancia ante la posibilidad de que la FDA avance en una regulación para reducir los niveles de nicotina en los cigarrillos. Si la población interpreta erróneamente que un cigarrillo con poca nicotina es menos cancerígeno, la medida podría tener el efecto contrario al buscado.
Expertos como Hartmann-Boyce y Villanti coinciden en que los mensajes más efectivos son aquellos que presentan de forma integral las diferencias entre la adicción a la nicotina y los daños derivados de la combustión del tabaco. La clave, sostienen, es ofrecer información clara que permita a las personas entender el origen real de los riesgos y tomar decisiones más informadas sobre su consumo.
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