Mientras los esfuerzos para reducir el tabaquismo en Australia han logrado ciertos avances, una nueva investigación advierte que las políticas actuales están dejando atrás a las comunidades más desfavorecidas. Las estrategias centradas en el aumento de impuestos han tenido un impacto limitado en quienes más lo necesitan, y los expertos piden un enfoque más justo y efectivo para combatir esta problemática.
UN ENFOQUE FISCAL QUE NO ALCANZA LOS OBJETIVOS
Durante años, el gobierno de Australia ha apostado por aumentar los impuestos sobre el tabaco como herramienta principal para disminuir su consumo. Aunque esta medida ha logrado que muchos dejen el hábito, nuevas evidencias muestran que no ha sido suficiente para alcanzar el objetivo nacional de reducir la tasa de fumadores por debajo del 5% antes de 2030, especialmente entre los sectores con menos recursos.
Un estudio reciente de la Universidad de Queensland, publicado en Tobacco Control, muestra que el gasto anual en cigarrillos de los hogares de bajos ingresos puede superar los 4.310 euros (4.900 dólares). A pesar de que la cantidad de hogares que fuman ha disminuido, quienes persisten en el hábito, en particular, en comunidades marginadas, están destinando una porción cada vez mayor de sus ingresos a este consumo.
La profesora Coral Gartner, autora del estudio, advirtió que este grupo vulnerable suele sacrificar necesidades básicas como alimentación, atención médica o educación con tal de mantener el consumo de tabaco. Según Gartner, se necesita implementar medidas adicionales: desde limitar los puntos de venta, hasta regular el tabaco de forma similar a los medicamentos y facilitar el acceso a terapias gratuitas para dejar de fumar.
LA EXCLUSIÓN DE ALTERNATIVAS MÁS SEGURAS
Curiosamente, el estudio de la Universidad de Queensland no considera el uso de productos de nicotina menos dañinos, como los vapeadores, que en otras partes del mundo han demostrado ser eficaces para dejar el cigarrillo. Esta omisión ha sido destacada por el profesor Ross Fitzgerald, de la Universidad de Griffith, quien abordó la misma problemática desde una perspectiva distinta.
Fitzgerald subraya que los fumadores con menores ingresos consumen más cigarrillos por día que sus contrapartes más acomodadas, lo que aumenta las tasas de enfermedades graves como el cáncer de pulmón. Esto no solo perpetúa la desigualdad en salud, sino que también contribuye significativamente a la brecha de esperanza de vida entre ricos y pobres.
EL MERCADO NEGRO EN AUGE
Australia aplica uno de los impuestos al tabaco más altos del mundo, con un aumento acumulado de más del 280%. Un paquete de cigarrillos legales puede costar hasta 35,17 euros (40 dólares), mientras que las versiones del mercado negro están disponibles por apenas 13,19 euros (15 dólares). Como consecuencia, muchos fumadores con recursos limitados recurren a productos ilícitos, lo que alimenta un mercado paralelo en expansión.
Este comercio ilegal no solo priva al gobierno de ingresos fiscales significativos, sino que también se vincula a actividades delictivas, como ataques a minoristas y enfrentamientos violentos. A la par, la regulación estricta de los productos de vapeo ha dificultado su acceso, incluso con prescripción médica.
Un estudio basado en una encuesta a 332 farmacias reveló que tres de cada cuatro no ofrecen productos de vapeo con receta, y muchas ni siquiera están dispuestas a encargarlos por la complejidad burocrática, preocupaciones reputacionales o falta de claridad en la normativa. Solo el 26% de las farmacias encuestadas comercializa estos productos, y quienes lo hacen, cuentan con un surtido muy limitado.
Este modelo regulatorio, que restringe el acceso a vapeadores legales, ha sido calificado por algunos expertos como un “fracaso político”. Mientras tanto, países como Nueva Zelanda han adoptado enfoques más abiertos, con resultados positivos en la reducción del tabaquismo.
UNA LLAMADA A REPENSAR EL ENFOQUE
Frente a este escenario, se alzan voces que reclaman una estrategia más equilibrada y compasiva. Permitir que comercios autorizados vendan productos de vapeo bajo estrictas normas de control de calidad y verificación de edad podría ser un paso importante para frenar tanto el tabaquismo como el mercado negro.
En definitiva, si bien los altos impuestos han disuadido a muchos de fumar, también han provocado consecuencias imprevistas en las comunidades más vulnerables. La falta de acceso a métodos alternativos, sumado al crecimiento del comercio ilícito, pone en entredicho la efectividad del modelo actual. Es momento de rediseñar la política de control del tabaco en Australia, priorizando la salud pública sin dejar atrás a quienes más ayuda necesitan.
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