El tabaquismo sigue siendo una de las principales causas de desigualdades en salud, y es imperativo que las políticas gubernamentales aborden esta disparidad. Actualmente, muchas personas fumadoras provienen de grupos subrepresentados y desfavorecidos, quienes tienen una influencia limitada en la toma de decisiones políticas. Algunos expertos han presentado argumentos basados en la evidencia que explican por qué la política de Australia sobre cigarrillos electrónicos, no está logrando una salud pública equitativa y efectiva. Además de sus observaciones, se pueden considerar varios puntos adicionales.
En primer lugar, existen revisiones sistemáticas que respaldan el uso de cigarrillos electrónicos con nicotina como una ayuda efectiva para dejar de fumar, mostrando beneficios para la salud en comparación con el tabaquismo tradicional. Aunque persisten algunas incertidumbres sobre los efectos a largo plazo, la evidencia actual sugiere que los cigarrillos electrónicos son una opción viable y deberían estar disponibles para quienes los necesiten.
Expertos destacan que, a pesar de las modificaciones en la normativa de prescripción de cigarrillos electrónicos en Australia, muchas personas que podrían beneficiarse de ellos no lo hacen y recurren a obtenerlos ilegalmente. Aunque el sistema pretende proteger a los jóvenes restringiendo el acceso solo con receta médica, en la práctica dificulta el acceso y medicaliza en exceso los productos, lo que hace que se pierdan oportunidades significativas que los cigarrillos electrónicos podrían ofrecer si se vendieran con restricciones sensatas en puntos de venta minorista.
LOS CIGARRILLOS ELECTRÓNICOS ENTRE LOS JÓVENES
En segundo lugar, la política actual no está logrando su objetivo principal. A pesar de las restricciones, el número de jóvenes que usan cigarrillos electrónicos ha aumentado en Australia desde 2016, con un incremento notable desde 2020. Los expertos señalan que algunos datos pueden estar inflados por el uso ocasional en lugar del uso diario o frecuente. Es crucial que las políticas gubernamentales se basen en evidencia para minimizar el consumo de sustancias entre los jóvenes, aprendiendo de décadas de estudios sobre el tabaco y otras sustancias.
Los expertos han proporcionado ejemplos de enfoques exitosos en reducir el tabaquismo juvenil que podrían ser adoptados y medidos eficazmente mediante encuestas, prefiriendo monitorear el acceso legal de los jóvenes a través de medios controlados.
En tercer lugar, una política de salud pública eficaz requiere vigilancia en tiempo real desde múltiples fuentes para observar tendencias y reaccionar a prácticas defectuosas. Actualmente, las políticas en Australia se revisarán en 2026, pero dada la magnitud del daño del tabaquismo, este intervalo es demasiado largo.
Finalmente, un alto porcentaje de adultos que fuman acceden a los cigarrillos electrónicos sin receta, estimado en un 90%, lo que implica un acceso ilegal y no regulado. Por ello, muchos de estos consumidores desconocen la ilegalidad de su acción. Forzar a las personas a un sistema ilegal sin control de productos tiende a perjudicar más a los ya desfavorecidos. Históricamente, las personas más pobres sufren más las consecuencias del sistema de justicia penal debido a la falta de acceso a determinantes sociales adaptativos. Es por ello que dificultar el acceso a los cigarrillos electrónicos perpetúa las desigualdades existentes.
Para concluir, las políticas deben ser revisadas y ajustadas de manera proactiva para ofrecer alternativas seguras y efectivas a aquellos que más las necesitan.
y luego