La Comisión Europea está en el punto de mira: crece la presión para que actúe y regule fiscalmente los nuevos productos de nicotina como los cigarrillos electrónicos, vapes y las bolsas de nicotina. Un grupo de 15 ministros de Finanzas y Economía de distintos países envió la semana pasada una carta a la presidenta Ursula von der Leyen exigiendo que se actualice el marco impositivo europeo.
La petición no llega sola. Se suma a una carta previa, enviada en marzo por 12 ministros de Sanidad, en la que se pedía una revisión integral de las normativas relacionadas con el tabaco, incluida la carga fiscal. Ambas iniciativas reflejan una creciente inquietud por el vacío normativo que rodea a estos productos emergentes, muchos de los cuales han ganado popularidad en Europa sin estar sujetos a los mismos impuestos que el tabaco tradicional.
UN MERCADO EN EXPANSIÓN
El problema, según los firmantes, es que la Directiva sobre el Impuesto al Tabaco (TTD) no se ha actualizado desde 2011, a pesar de la aparición masiva de nuevos productos con nicotina en el mercado. La Comisión prometió una revisión en el marco del Plan Europeo para Vencer el Cáncer en 2022, pero hasta la fecha no ha publicado la propuesta definitiva.
Organizaciones de salud pública y expertos como Lilia Olefir, directora de Smoke Free Partnership, alertan que la falta de impuestos ha hecho que productos como los vapes desechables y las bolsas de nicotina sean muy accesibles, incluso para menores. “Por ocho euros cualquiera puede comprar un vape. Es urgente actualizar la directiva”, señaló.
AUMENTO DEL CONSUMO JUVENIL
La preocupación está respaldada por datos. El estudio ESPAD, publicado a finales de mayo, revela que el consumo diario de productos como vapes y cigarrillos ha subido del 7,9% en 2019 al 14% en 2024 entre adolescentes de 15 a 16 años.
Los expertos alertan de los efectos nocivos de la nicotina en el desarrollo cerebral de jóvenes y del alto riesgo de adicción. A su vez, la falta de una política fiscal armonizada favorece el contrabando y las compras transfronterizas, sobre todo en los países con mayores impuestos.
El nuevo plan fiscal que prepara la Comisión buscaría aplicar un impuesto mínimo común a productos como tabaco calentado, cigarrillos electrónicos y bolsas de nicotina, además de subir los gravámenes al tabaco tradicional.
No obstante, el camino no será fácil. Para que la reforma entre en vigor, se necesita unanimidad entre los estados miembros. Y ahí está el obstáculo. Países como Italia, Grecia y Rumania, que aplican impuestos más bajos y tienen intereses económicos en la industria del tabaco se oponen a la reforma.
LA INDUSTRIA EN ALERTA
Las asociaciones que representan a fabricantes de vapes también han reaccionado con dureza. Dustin Dahlmann, presidente de la Independent European Vape Alliance, criticó la propuesta y aseguró que subir los impuestos no protegerá mejor a los jóvenes. “El mercado negro es quien se beneficiará, y ahí no hay ningún interés en proteger a los menores”, afirmó.
En contraste, países como Bélgica ya han comenzado a tomar medidas por su cuenta. En 2025, se convirtió en el primero de Europa en prohibir la venta de vapes desechables. Su ministro de Salud, Frank Vandenbroucke, calificó estos productos como una puerta de entrada para que adolescentes se enganchen a la nicotina.
Por ahora, todo está en manos de la Comisión. El comisario europeo de fiscalidad, Wopke Hoekstra, aseguró que espera que la propuesta esté lista antes del verano. La gran pregunta es si logrará superar el pulso político entre los países que quieren frenar el auge de estos productos y los que prefieren mantener el statu quo.
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