Un nuevo informe alerta que la inminente prohibición de los vapes desechables en el Reino Unido podría tener un efecto colateral preocupante: hasta 200.000 personas podrían volver a fumar.
La medida, que entra en vigor el próximo mes, busca frenar el creciente consumo entre jóvenes, que pasó de un 0,8% en 2013 a un 7,2% en 2023, y reducir el daño ambiental de los cinco millones de dispositivos que se desechan cada semana. Sin embargo, expertos del think tank Future Health Research Centre advierten que, sin un plan de apoyo, miles de vapeadores podrían abandonar su intento por dejar el tabaco y recaer.
Según encuestas incluidas en el estudio, el 45% de quienes utilizan vapes usan dispositivos desechables. El grupo más dependiente de estos productos son los jóvenes de entre 18 y 24 años. Frente a la prohibición, un 12% afirma que volverá a fumar, mientras que más de la mitad optará por otros dispositivos recargables. Solo un 15% planea dejar la nicotina del todo.
Las estimaciones indican que la medida podría empujar a entre 90.000 y 200.000 personas de vuelta al cigarrillo tradicional, lo que aumentaría la tasa de tabaquismo entre un 0,2% y un 0,4%.
Richard Sloggett, autor del informe y exasesor gubernamental, señaló que el plan, aunque bien intencionado, corre el riesgo de sabotear los avances hacia una «Gran Bretaña libre de humo». Pide que el Gobierno actúe con urgencia: campañas de concientización, regulación de sabores y empaques, y estrategias claras para evitar que los usuarios vuelvan al tabaco.
La investigación fue encargada por Kenvue, fabricante de productos como Nicorette, y subraya la necesidad de priorizar tanto la lucha contra el tabaquismo como el control del vapeo juvenil sin que una termine alimentando a la otra.
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