El consumo de cigarrillos entre los adultos ha descendido en Estados Unidos hasta situarse por debajo del 10%, pero una parte de los fumadores continúa sin abandonar el hábito pese a conocer sus efectos sobre la salud y el coste económico asociado. Ante esta situación, los profesionales sanitarios plantean la necesidad de conocer qué función cumple la nicotina para cada paciente antes de abordar un nuevo intento de abandono.
Actualmente existen distintas opciones terapéuticas para dejar de fumar. Entre ellas se encuentran la vareniclina, disponible como medicamento genérico, los tratamientos sustitutivos con nicotina y el bupropión, además de programas que combinan medicación y asesoramiento. Las líneas de ayuda para dejar de fumar también han incorporado herramientas digitales para facilitar el seguimiento y la intervención.
Junto a las estrategias destinadas al abandono, también se han desarrollado alternativas relacionadas con la reducción de daños. Más de seis millones de fumadores de cigarrillos, principalmente jóvenes, han pasado al vapeo, mientras que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha autorizado la comercialización de determinadas bolsas de nicotina bajo la categoría de productos de tabaco de riesgo modificado. En estos casos, la comunicación autorizada por el organismo señala que sustituir completamente los cigarrillos por estos productos puede reducir la exposición a determinados riesgos asociados al tabaquismo.
El precio constituye otro de los factores que pueden influir en la decisión. Abandonar los cigarrillos puede suponer un ahorro de miles de dólares al año, mientras que los dispositivos de vapeo y las bolsas de nicotina suelen tener un coste inferior al de los cigarrillos.
La abstinencia puede dificultar los primeros días
Una de las cuestiones que los profesionales pueden plantear a un paciente es cuánto tiempo ha conseguido permanecer sin consumir nicotina. Cuando una persona no logra superar los primeros tres días, los síntomas de abstinencia pueden estar detrás de la dificultad para mantener la decisión.
La irritabilidad, la ansiedad y los deseos intensos de fumar forman parte de este proceso. Los tratamientos aprobados para el abandono del tabaco pueden contribuir a reducir estos síntomas cuando se utilizan con las dosis y durante el periodo adecuados. Sin embargo, algunos pacientes que ya han recurrido a estos medicamentos pueden no haberlos empleado correctamente o haber interrumpido el tratamiento demasiado pronto.
Los tratamientos prolongados pueden ayudar a reducir el riesgo de recaída, mientras que el asesoramiento permite trabajar los factores que desencadenan el consumo y mejorar la adherencia a la medicación. La combinación de ambas intervenciones puede incrementar las posibilidades de conseguir dejar de fumar.
En los casos en los que una persona ha permanecido varios meses sin fumar y posteriormente ha vuelto al consumo, resulta relevante identificar las circunstancias que precedieron a la recaída. Situaciones de estrés o acontecimientos personales pueden actuar como desencadenantes y requieren un abordaje adaptado a la experiencia previa del paciente.
La nicotina también puede estar relacionada con el estado de ánimo
En determinados pacientes, los intentos repetidos de abandonar el tabaco pueden estar relacionados con el papel que desempeña la nicotina sobre el estado de ánimo. La depresión es una de las condiciones en las que se ha estudiado este fenómeno de automedicación.
La nicotina interviene en diferentes sistemas de neurotransmisores, entre ellos las vías relacionadas con la dopamina. Además, el humo del cigarrillo contiene sustancias que pueden inhibir la monoaminooxidasa, una enzima implicada en el metabolismo de determinados neurotransmisores.
La relación entre tabaquismo y depresión también se refleja en los datos epidemiológicos. La prevalencia del consumo de tabaco entre las personas diagnosticadas con depresión es aproximadamente el doble que en la población general, mientras que el riesgo de recaída después de dejar de fumar también puede ser superior.
Por este motivo, cuando una persona experimenta síntomas depresivos tras abandonar la nicotina, resulta necesario valorar si existe un problema de salud mental que requiera atención específica.
Algunos pacientes relacionan la nicotina con la concentración
La concentración es otro de los motivos que algunos fumadores señalan para explicar su consumo. Esta percepción aparece especialmente asociada a determinadas condiciones, entre ellas el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Las personas con TDAH presentan una mayor probabilidad de fumar y de desarrollar dependencia de la nicotina. Una revisión sistemática estimó que los jóvenes con este trastorno tenían entre dos y tres veces más probabilidades de fumar que aquellos sin TDAH.
La nicotina actúa sobre los receptores nicotínicos de acetilcolina y puede influir posteriormente en las vías dopaminérgicas relacionadas con la atención y la activación. Algunos estudios experimentales han observado cambios en determinadas medidas de atención y concentración después de administrar nicotina a adultos con TDAH.
Una situación similar se ha estudiado en personas con esquizofrenia, entre las que históricamente se han registrado tasas de tabaquismo superiores a las de la población general. La investigación ha analizado los posibles efectos de la nicotina sobre la atención, la cognición y el procesamiento sensorial. Algunos pacientes también han relacionado el consumo con una reducción de determinados síntomas.
La falta de intención de dejar de fumar también requiere evaluación
No todos los pacientes que fuman están preparados para intentar abandonar el consumo. En algunos casos, el tabaco puede utilizarse como una forma de afrontar periodos de estrés o determinadas dificultades personales.
La ausencia de disposición para dejar de fumar no implica necesariamente que exista un trastorno mental, pero puede ser una oportunidad para evaluar el estado general del paciente y detectar problemas que no hayan sido identificados o que no estén recibiendo el tratamiento adecuado.
Cuando un nuevo intento de abandono genera rechazo o ansiedad, los profesionales pueden abordar inicialmente la conversación desde otras perspectivas. Una de ellas es conocer si el paciente ha utilizado productos alternativos de nicotina y qué experiencia ha tenido con ellos.
En cualquier estrategia de reducción de daños, es necesario tener en cuenta que los posibles beneficios sanitarios dependen de sustituir completamente el consumo de cigarrillos y no de mantener simultáneamente ambas formas de consumo.
La conversación puede empezar por una alternativa
Cuando un paciente pide que no se vuelva a hablar de su consumo de tabaco, el profesional sanitario debe equilibrar el respeto por su autonomía con la responsabilidad de ofrecer información sobre las opciones disponibles.
En este contexto, una posible estrategia consiste en plantear el cambio como una prueba en lugar de presentarlo como una decisión definitiva. El objetivo puede ser explorar si el paciente estaría dispuesto a obtener la nicotina mediante otra vía, ya sea dentro de un tratamiento para abandonar el tabaco o mediante una estrategia de reducción de daños.
Este tipo de conversación también puede facilitar que algunos pacientes acepten una evaluación especializada cuando existen indicios de que el consumo de tabaco está relacionado con problemas de salud mental.
En Estados Unidos hay alrededor de 56 millones de exfumadores, y una parte mayoritaria consiguió abandonar el consumo sin utilizar medicación. Para los profesionales que atienden a personas que continúan fumando, identificar qué función cumple la nicotina en cada caso puede ser un primer paso para determinar qué estrategia resulta más adecuada.
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