El próximo 1 de junio, el Reino Unido activará una prohibición total sobre los vapes desechables. Aunque el objetivo es reducir el consumo juvenil y mitigar el impacto ambiental, la medida genera preocupación entre expertos en salud pública, quienes advierten que podría tener consecuencias inesperadas: desde el repunte del tabaquismo hasta el crecimiento del mercado negro.
UN PAÍS QUE FUE MODELO AHORA TROPIEZA
Durante años, el Reino Unido ha sido referencia mundial en políticas de reducción de daños relacionados con el tabaco. Promovió el uso de vapes como una alternativa menos nociva para los fumadores que buscaban dejar el cigarrillo. Sin embargo, datos recientes indican que esa estrategia empieza a perder rumbo.
Una investigación solicitada por la Asociación de la Industria del Vapeo (UKVIA) a través de la Ley de Libertad de Información expuso una alarmante disparidad en el enfoque de los hospitales del sistema NHS: de los 17 fideicomisos revisados, varios no ofrecen formación sistemática sobre abandono del tabaco y algunos ni siquiera mencionan el vapeo como herramienta posible. Las actualizaciones formativas, cuando existen, son esporádicas y desiguales.
FALTA DE ALINEACIÓN ENTRE CIENCIA Y REGULACIÓN
Los profesionales de salud reciben mensajes confusos. Mientras hay estudios, como uno de la Universidad de Brunel, que estiman que cambiar al vapeo podría ahorrar al NHS más de 500 millones de libras anuales, muchos centros aún lo excluyen de sus programas de apoyo. Esto contradice recomendaciones oficiales, como la revisión de Khan de 2022, que urgía a normalizar el vapeo en los tratamientos antitabaco.
Ante esta brecha, la UKVIA lanzó un portal con recursos científicos sobre el vapeo y ha organizado encuentros virtuales con expertos para promover un enfoque coherente a nivel nacional. Sin embargo, sin un liderazgo claro desde el gobierno, la implementación efectiva sigue siendo irregular.
UNA PROHIBICIÓN CON RIESGOS
La inminente prohibición de los vapes desechables complica aún más el panorama. Aunque el gobierno la presenta como una forma de proteger a los jóvenes y reducir residuos, críticos como Tomas Hammargren, experto internacional en reducción de daños, advierten que la medida podría empujar a muchos adultos de vuelta al cigarro tradicional. “Este es un momento clave para proteger los avances logrados, no para revertirlos”, afirmó.
El propio análisis del gobierno admite que cerca de un tercio de los usuarios de vapes desechables podrían retomar el hábito de fumar tras la prohibición. Y con una aplicación débil, solo una pequeña parte de los fondos destinados a combatir el comercio ilícito va a parar a los entes fiscalizadores, la medida podría ser contraproducente.
MERCADO NEGRO Y DESINFORMACIÓN
Según Vape Club, más de la mitad de los vapeadores del Reino Unido ya han adquirido productos ilegales sin saberlo. Las tiendas de conveniencia y las redes sociales son puntos comunes de venta. Y con miles de productos no regulados en circulación, las autoridades apenas dan abasto.
James Lowman, de la Asociación de Tiendas de Conveniencia, señala que sin recursos adecuados, se abre la puerta a una avalancha de productos clandestinos. Por su parte, Mark Oates, de la organización We Vape, acusa al gobierno de crear una política difícil de hacer cumplir que puede dañar más de lo que ayuda.
ALTERNATIVAS
Una de cada diez personas que vapean no sabe siquiera que la prohibición está por entrar en vigor, según una encuesta reciente. Y casi una cuarta parte consideraría recurrir a productos ilícitos para ahorrar dinero. Este vacío de información agrava el problema y resalta la necesidad de una estrategia integral, que combine regulación, educación y apoyo a los fumadores en proceso de cambio.
Algunos expertos piden un sistema de licencias para la venta de productos de vapeo, similar al que Irlanda planea implementar en 2026. La medida permitiría controlar mejor el acceso, generar ingresos para fiscalización y proteger a los usuarios responsables.
El Reino Unido se había propuesto erradicar el tabaquismo para 2030. Pero si no corrige su rumbo, corre el riesgo de fracasar en ese objetivo. La lucha contra el tabaco no puede basarse solo en prohibiciones. Hace falta ciencia, coherencia y voluntad política para mantener abiertas las puertas a quienes buscan una salida del cigarro. Quitar los vapes desechables sin una alternativa viable puede ser más un retroceso que un avance.
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