Mientras disminuyen el alcohol y las drogas ilegales entre adolescentes, el uso de nicotina evoluciona hacia nuevas formas, como el vapeo. La evidencia pide un cambio de enfoque: menos castigo, más prevención basada en datos.
Una encuesta reciente a gran escala en 37 países europeos ha dejado al descubierto una transformación en los hábitos de consumo entre adolescentes de 15 y 16 años. El informe 2023 del Proyecto ESPAD (Estudio Europeo sobre Alcohol y Drogas en Escolares) revela que el panorama ya no está dominado por el alcohol o las drogas ilegales, sino por nuevas formas de consumo, especialmente el vapeo.
Los resultados muestran que, aunque el tabaquismo tradicional y el uso de sustancias ilícitas siguen en declive, hay un cambio de rumbo en los patrones de consumo. Por ejemplo, el vapeo ha ganado terreno de forma acelerada: un 44% de los adolescentes dice haber probado cigarrillos electrónicos, y uno de cada cinco los usa de manera habitual. Hace solo cinco años, esa cifra era del 14%. La accesibilidad de estos productos y su imagen «menos dañina» son factores clave en su popularidad, según los propios jóvenes.
En contraste, el consumo de alcohol muestra una baja sostenida. Aunque en países como Alemania, Austria y Dinamarca los niveles de consumo entre menores siguen siendo altos, las estadísticas globales en Europa indican una caída constante en las últimas dos décadas. Aun así, hay señales preocupantes: un tercio de los estudiantes reporta haber tomado su primera bebida alcohólica a los 13 años o antes.
El uso de cannabis, aunque aún es la droga ilegal más común entre los adolescentes, también ha disminuido. Solo un 12% de los encuestados dijo haberla consumido, el nivel más bajo desde 1995. El consumo de otras sustancias más peligrosas, como cocaína, éxtasis o anfetaminas, se mantiene en niveles bajos, cerca del 2%. No obstante, la creciente tendencia al uso indebido de medicamentos con receta —tranquilizantes y analgésicos incluidos— enciende una nueva alarma.
EL VAPEO
La reacción de muchos gobiernos al auge del vapeo ha sido la aplicación de restricciones severas, incluyendo propuestas de prohibición de sabores o venta general. Pero algunos expertos advierten que esas medidas pueden ser contraproducentes. En Canadá, por ejemplo, el porcentaje de jóvenes de entre 12 y 17 años que vapean ha caído a 7,2% en 2023, una reducción del 50% desde su punto máximo en 2019. A pesar de esto, persisten iniciativas restrictivas que, según organizaciones como la Asociación Canadiense de Vapeo, podrían perjudicar los esfuerzos para reducir el tabaquismo adulto.
El 82% de los adultos que vapean en Canadá son exfumadores. Por eso, los defensores del enfoque de «reducción de daños» abogan por regulaciones que mantengan el acceso para adultos mientras se protege a los menores. Señalan que las tiendas especializadas en vapeo, con controles estrictos de edad, son parte de la solución, no del problema.
No todos los datos apoyan esta narrativa. Un estudio reciente en Nueva Zelanda sugiere que la introducción del vapeo pudo haber ralentizado la caída del tabaquismo entre adolescentes. Investigadores del Lancet Regional Health concluyen que, de no haber aparecido los vapeadores, el número de jóvenes que alguna vez probaron un cigarro hoy sería mucho menor. Este hallazgo contrasta con otros estudios globales que afirman lo contrario, incluyendo los de Reino Unido y Suecia, donde el vapeo ha coincidido con una baja histórica en el consumo de cigarrillos tradicionales.
NUEVAS FORMAS DE NICOTINA
Las bolsas de nicotina, productos orales sin tabaco ni humo, están empezando a ganar terreno. Aunque su uso aún es marginal entre adolescentes, se expanden rápidamente, como ocurrió con los vapeadores en sus inicios. En Estados Unidos, una investigación basada en la encuesta PATH revela que menos del 1% de los adolescentes ha probado estas bolsas, frente al 3% de los adultos.
El debate está dividido. Algunos profesionales de la salud las ven como una herramienta menos dañina para quienes quieren dejar de fumar. Otros temen que se conviertan en una puerta de entrada para menores que nunca han probado nicotina.
EL PAPEL DE LA SALUD MENTAL
Un factor menos visible, pero crucial, es la conexión entre salud mental y consumo de nicotina. Un estudio de la Universidad de Michigan halló que adolescentes con síntomas de TDAH tenían más probabilidades de usar productos con nicotina. Esto apunta a la necesidad de abordar no solo el comportamiento, sino las causas subyacentes que llevan a muchos jóvenes al consumo.
Los datos son claros: necesitamos regulaciones que respondan a la realidad, no al pánico. Las políticas basadas en evidencia deben diferenciar entre proteger a los menores y castigar a los adultos que buscan dejar de fumar. La vigilancia, el acceso responsable y el diálogo público informado son claves para avanzar.
El reto no es prohibir, sino adaptar. Porque mientras la nicotina cambia de forma, el objetivo sigue siendo el mismo: reducir los daños.
y luego