El próximo 1 de junio entrará en vigor en el Reino Unido la prohibición de los vapes desechables. Aunque la medida busca combatir el impacto ambiental y limitar el acceso juvenil, expertos en salud pública y defensores de la reducción de daños advierten que podría tener efectos secundarios indeseados. Entre ellos, un repunte del tabaquismo o el crecimiento del mercado negro.
LOS VAPEADORES SE PREPARAN PARA EL APAGÓN
En la antesala de la prohibición, muchos usuarios han comenzado a acumular dispositivos. Un estudio reciente de Vape Superstore revela que más del 70% de los adultos que vapean planean abastecerse antes de que los productos desaparezcan del mercado, casi el triple que hace seis meses. Este comportamiento contrasta con la caída en el uso diario de desechables, que ahora son el principal dispositivo solo para el 43,1 % de los usuarios, frente al 66 % anterior.
A pesar de que crece el interés por alternativas reutilizables, como los sistemas de cápsulas o tanques recargables, muchos usuarios se sienten intimidados por su complejidad. Más del 60% menciona barreras como recargar líquidos o cambiar resistencias. La dependencia no parece solo física, sino también emocional: “No los usan a diario, pero tampoco saben con qué reemplazarlos”, señala David Phillips, vocero de Vape Superstore.
La estrategia del gobierno británico parece más centrada en el control que en el acompañamiento. Aunque el número oficial de fumadores ha bajado al 12,9%, investigaciones recientes apuntan a que las cifras están subestimadas. Grupos excluidos de las encuestas, como personas en prisión, sin hogar o en viviendas temporales, tienen tasas de tabaquismo superiores al 60%. Si se les incluye, la prevalencia real se acercaría al 15%, lo que significa que más de un millón de fumadores están fuera del radar oficial.
Ante este escenario, cabría esperar políticas que impulsen métodos efectivos para dejar de fumar. Sin embargo, el proyecto de ley sobre tabaco y vapeo propone restricciones que podrían frenar el acceso a las herramientas más eficaces para lograrlo. Entre ellas, la eliminación de publicidad, la prohibición de sabores, restricciones a dispositivos en hospitales psiquiátricos y limitaciones geográficas para licencias de venta. Críticos argumentan que se trata de gestos políticos más que de acciones basadas en evidencia.
LA INDUSTRIA SE ADAPTA
Algunas marcas de vapeo no han tardado en ajustarse a la nueva realidad. Es el caso de SKE, que presentó un dispositivo reutilizable que mantiene la experiencia del vape desechable. El nuevo sistema, con cápsulas precargadas, intenta ofrecer una transición sin fricciones para los usuarios más dependientes del formato desechable.
Pero estos esfuerzos podrían no ser suficientes. Asociaciones de la industria, como UKVIA, alertan sobre el riesgo para pequeños comerciantes, especialmente si las licencias de venta se conceden según ubicación. Aunque apoyan la regulación, advierten que castigar a minoristas responsables puede reducir el acceso a productos más seguros y fomentar vías ilegales.
EDUCACIÓN Y ACCESIBILIDAD, NO PROHIBICIÓN
Las voces expertas coinciden: restringir sin educar es un error. Si bien hay conciencia creciente sobre el daño ambiental de los dispositivos desechables, más de la mitad de los usuarios aún los tiran a la basura común. Dos tercios desconocen que pueden reciclarse, aunque casi el 80% asegura que lo haría si el sistema fuera claro y accesible.
Los datos también muestran que cada vez menos vapeadores están considerando volver al tabaco (la cifra bajó del 14 % al 8,1 %) o recurrir al mercado negro (del 6,9% al 3,8%). Es decir, hay terreno fértil para una política pública basada en educación, regulación efectiva y apoyo real, no en restricciones precipitadas.
Prohibir sin acompañar puede terminar haciendo más daño que bien. En lugar de fortalecer las herramientas de reducción de daños, el Reino Unido corre el riesgo de debilitarlas. El enfoque debería moverse hacia la información, el acceso responsable y la regulación inteligente. De lo contrario, lo que se presenta como un avance ambiental y de salud, podría terminar empujando a miles de personas de regreso al cigarro o a canales inseguros.
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