Mientras el gobierno de Renio Unido avanza con nuevas restricciones sobre productos con nicotina oral, especialistas en salud advierten que esta medida podría frenar una de las alternativas más eficaces para dejar de fumar.
Un funcionario escocés confirmó recientemente que las bolsas de nicotina, también conocidas como “nicotine pouches”, serán incluidas en la nueva legislación sobre tabaco y vapeo del Reino Unido. La decisión se produce tras un incidente donde se distribuyeron muestras gratuitas de estos productos en una estación de tren en Edimburgo, lo que generó preocupación entre las autoridades sanitarias.
Sin embargo, lejos de las islas británicas, el uso de estas bolsas se expande rápidamente. En Estados Unidos, más de 8,5 millones de adultos ya las utilizan, según datos recientes de TobaccoIntelligence. El número de usuarios se ha multiplicado por ocho desde 2020, un crecimiento atribuido principalmente a personas que buscan opciones menos dañinas que fumar o vapear.
UNA RUTA MÁS RESTRICTIVA
Estas bolsas no contienen tabaco y se colocan bajo el labio, lo que permite absorber nicotina sin quemar ni inhalar. En Estados Unidos, la gran mayoría de las que se venden tienen niveles bajos de nicotina, lo que las convierte en una herramienta atractiva para quienes intentan reducir su dependencia sin exponerse al humo.
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. incluso aprobó 20 tipos de bolsas tras someterlas a evaluaciones científicas y toxicológicas. “En menos de cinco años pasaron de ser un producto de nicho a algo común”, comentó Barnaby Page, editor de TobaccoIntelligence.
Pese a esta evidencia, el Reino Unido opta por una ruta más restrictiva. Las autoridades británicas insisten en que las bolsas pueden ser adictivas y representar riesgos, sobre todo para jóvenes. La ministra de Salud Pública escocesa, Jenni Minto, declaró ante el Parlamento que se busca controlar este tipo de productos antes de que se normalicen.
SE CUESTIONA LA POSTURA BRITÁNICA
Linda Bauld, asesora sanitaria del gobierno, reconoció que las bolsas son probablemente mucho menos peligrosas que los cigarrillos, pero insistió en que sus efectos a largo plazo, incluidos los posibles daños en encías, siguen siendo motivo de estudio. También alertó sobre la confusión entre estas bolsas y el «snus», un producto tradicional sueco que sí contiene tabaco y está prohibido en el Reino Unido.
Desde el sector de reducción de daños, se cuestiona la postura británica. Tomas Hammargren, director de la empresa sueca KLAR, dedicada a productos de nicotina sin tabaco, advierte que equiparar estas bolsas con el tabaco tradicional sería un error. Según él, se trata de una herramienta clave para reducir el consumo de cigarrillos y debería mantenerse disponible para los adultos que buscan dejar de fumar.
Suecia es un caso emblemático. Gracias en parte al acceso a estas alternativas, el país ha reducido su tasa de fumadores a menos del 5%, la más baja de Europa. En contraste, en otras naciones del continente los niveles siguen siendo hasta cinco veces mayores.
“El Reino Unido debería observar más de cerca el modelo sueco”, opinó Hammargren. “No lograron esas cifras prohibiendo, sino ofreciendo mejores opciones a los fumadores”.
No obstante, incluso los defensores del producto admiten que se necesitan reglas claras: evitar sabores infantiles, controlar la concentración de nicotina y restringir la publicidad dirigida a menores. Para Hammargren, proteger a los jóvenes es crucial, pero no debe hacerse a costa de quitarles opciones a los adultos que intentan dejar el tabaco.
Con la nueva legislación en camino, Reino Unido se enfrenta una encrucijada: podría sumarse a la revolución sin humo o perder la oportunidad por temor y desinformación. La pregunta es si el país apostará por la ciencia o dejará que el pánico defina su política.
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