La Directiva Europea de Productos del Tabaco (TPD) vuelve a estar sobre la mesa. Este tipo de revisiones no ocurre con frecuencia y, cuando se producen, suelen marcar el rumbo regulatorio durante muchos años, según narra Mónica Andrade, Presidenta de la Asociación de Fabricantes de Bolsas de Nicotina (ABN).
Las decisiones que se tomen en esta fase influirán directamente en los estándares de producto, el acceso al mercado y el enfoque de las políticas de salud pública en todos los Estados miembros de la Unión Europea.
Las directivas europeas pueden permanecer vigentes durante una década o más, por lo que cada revisión tiene un impacto duradero en la forma en que se regula una categoría y en cómo evoluciona el mercado.
Uno de los temas que aparece de forma recurrente en el debate europeo sobre tabaco y nicotina es la relación entre el riesgo real de los distintos productos y la forma en que estos son regulados.
Como recordaba recientemente Johan Nissinen, exmiembro del Parlamento Europeo y participante en debates de política pública con GINN y la ABN: “Recuerdo lo poco frecuentes que eran estas grandes revisiones cuando trabajaba en expedientes europeos. Pasas meses —a veces años— trabajando sobre una directiva, y luego convives con sus consecuencias durante una década».
Durante su etapa trabajando en política de tabaco, Nissinen señala que una cuestión aparecía constantemente en las discusiones regulatorias: la dificultad de alinear la regulación con los distintos niveles de riesgo de los productos de nicotina.
“En muchas de las preguntas que envié a la Comisión Europea sobre política del tabaco siempre aparecía el mismo punto: no todos los productos de nicotina presentan el mismo nivel de riesgo. Sin embargo, nuestras normas a menudo los tratan como si lo fueran».
Diferenciar riesgos: una clave del debate regulatorio
En los últimos años, el debate científico y regulatorio ha reconocido cada vez con más claridad que no todos los productos de nicotina presentan el mismo nivel de riesgo para la salud.
Los productos de tabaco combustible —especialmente los cigarrillos— siguen siendo la principal causa de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. El proceso de combustión genera miles de sustancias químicas, muchas de ellas tóxicas o cancerígenas.
En contraste, durante la última década han surgido diversas alternativas sin combustión, como los dispositivos de vapeo o las bolsas de nicotina. Aunque estos productos no están exentos de riesgo, un creciente cuerpo de literatura científica sugiere que sus perfiles de riesgo difieren significativamente de los asociados al consumo de cigarrillos.
Esta distinción comienza a reflejarse cada vez más en investigaciones científicas, debates de salud pública y en análisis regulatorios. Sin embargo, en muchos marcos normativos —incluyendo la legislación europea actual— los distintos productos de nicotina siguen tratándose de forma muy similar desde el punto de vista regulatorio, sin reflejar plenamente estas diferencias de riesgo.
Cómo la regulación influye en las decisiones de los consumidores
La regulación sanitaria no solo establece estándares de producto. También envía señales al consumidor.
Cuando diferentes productos se regulan de forma prácticamente idéntica dentro de un mismo marco normativo, el mensaje implícito que reciben los consumidores es que sus riesgos son comparables.
Esto es relevante porque el comportamiento de los fumadores no depende únicamente de la motivación individual. También está influido por el entorno regulatorio en el que se toman las decisiones.
Si las alternativas potencialmente de menor riesgo se regulan de forma indistinguible de los cigarrillos, el incentivo percibido para cambiar puede reducirse.
Desde una perspectiva de salud pública, el objetivo no es únicamente regular productos, sino reducir la carga de enfermedad asociada al tabaquismo. Para lograrlo, los marcos regulatorios deben tener en cuenta cómo cambian realmente los comportamientos de las personas a lo largo del tiempo.
Un doble objetivo: proteger a los jóvenes y reducir el daño
La protección de los menores frente al consumo de nicotina sigue siendo una prioridad central en la política europea de control del tabaco.
Medidas como: restricciones de edad, limitaciones publicitarias o estándares de producto, desempeñan un papel clave para prevenir la iniciación al consumo entre los jóvenes. Sin embargo, Europa también sigue afrontando las consecuencias del tabaquismo entre adultos. Millones de europeos continúan fumando, y muchos encuentran grandes dificultades para abandonar el hábito incluso después de varios intentos.
Mónica Andrade, Presidenta de la ABN subraya que el debate político debe abordar ambas realidades al mismo tiempo: “Proteger a los jóvenes es fundamental. Pero los adultos que ya fuman también necesitan vías realistas para dejar el tabaco».
Para estos fumadores, un marco regulatorio que reconozca las diferencias de riesgo entre productos podría facilitar la transición hacia alternativas potencialmente menos dañinas.
El desafío para los reguladores consiste en encontrar el equilibrio adecuado entre una protección sólida para los jóvenes y estrategias eficaces de reducción del daño entre adultos fumadores.
Hacia un marco regulatorio más alineado con la evidencia científica
La revisión de la Directiva de Productos del Tabaco representa una oportunidad poco frecuente para replantear cómo se clasifican y regulan los productos de nicotina dentro del marco político europeo.
Una regulación eficaz debería apoyarse en tres principios fundamentales:
- evidencia científica
- proporcionalidad regulatoria
- resultados reales en salud pública
Las políticas que reflejen mejor los riesgos relativos de los distintos productos pueden contribuir a que las señales regulatorias estén más alineadas con el objetivo de reducir las enfermedades relacionadas con el tabaquismo.
Las decisiones que se adopten durante esta revisión configurarán el panorama regulatorio europeo de la nicotina durante los próximos años.
Si el objetivo final es reducir las enfermedades relacionadas con el tabaquismo, los marcos regulatorios deberán evolucionar al mismo ritmo que la evidencia científica y la realidad del comportamiento de los consumidores.
y luego