El Senado de Nueva York ha dado marcha atrás en su intento de limitar el acceso a las bolsas de nicotina con sabores. La propuesta legislativa S443B, que buscaba prohibir sabores como menta y frutas y restringir la distribución gratuita de estos productos en comercios minoristas, ha sido retirada el pasado miércoles.
Impulsada por Linda Rosenthal de la asamblea y el senador Brad Hoylman-Sigal, la iniciativa se presentó bajo la premisa de que los sabores atractivos fomentan el consumo entre adolescentes. Sin embargo, los argumentos detrás del proyecto se sostienen con dificultad.
Uno de los principales puntos del proyecto afirmaba que las bolsas de nicotina captan de manera desproporcionada a consumidores jóvenes. No obstante, los datos de la Encuesta Nacional de Tabaco Juvenil de EE. UU. indican que solo el 1,8% de los estudiantes las utiliza, y apenas el 0,4% lo hace diariamente. Lejos de ser una tendencia masiva, la evidencia sugiere que el uso juvenil es marginal en comparación con el de los adultos.
Otro fundamento de la propuesta era equiparar las bolsas de nicotina con los productos de vapeo, ya sujetos a regulaciones estrictas en Nueva York. Pero esta comparación ha sido criticada por expertos en salud pública que abogan por enfoques de reducción de daños. Argumentan que limitar el acceso a opciones menos perjudiciales puede tener consecuencias adversas, sobre todo en zonas del estado donde el tabaquismo sigue siendo prevalente.
La iniciativa también sostenía que eliminar los sabores reduciría los riesgos a largo plazo asociados con la nicotina. Sin embargo, la investigación disponible no respalda con claridad esta hipótesis, especialmente considerando que muchos estudios sobre los efectos en el cerebro juvenil se basan en dosis poco representativas en modelos animales.
De hecho, el mayor riesgo sanitario vinculado a la nicotina sigue siendo el método de consumo, siendo el tabaco combustible el más nocivo. Cuando se consume a través de métodos sin combustión, como las bolsas de nicotina, el riesgo se reduce considerablemente, convirtiéndolas en una herramienta potencial para dejar de fumar.
Incluso la FDA ha autorizado algunas versiones con sabor de estas bolsas como parte de su estrategia de reducción de daños. La medida neoyorquina, por tanto, iba a contracorriente de esta política federal.
Además del impacto en la salud pública, la prohibición amenazaba con perjudicar económicamente a minoristas y fabricantes, mientras que podría haber incentivado la venta de productos ilegales en mercados no regulados.
Por tanto, la retirada del proyecto representa un respiro para quienes promueven políticas sanitarias basadas en evidencia. Evitar barreras innecesarias al acceso de alternativas más seguras a fumar podría, a largo plazo, salvar vidas.
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