La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca podría transformar por completo la regulación del tabaco en Estados Unidos. Paradójicamente, su conocida inclinación por la desregulación podría terminar generando un marco más claro y efectivo para los productos de nicotina, frenando al mismo tiempo el crecimiento del mercado negro.
Empresas del sector, como RAI Services Company —filial de Reynolds American—, ven con buenos ojos la nueva administración, especialmente tras una generosa donación de 10 millones de dólares al súper PAC de Trump, lo que los convirtió en el mayor contribuyente corporativo de la campaña presidencial de 2024.
Otro indicio que alimenta el optimismo de la industria es la figura de Robert F. Kennedy Jr., nuevo secretario de Salud, quien mostró una bolsa de nicotina durante una audiencia del Senado, lo que muchos interpretaron como una señal favorable hacia políticas centradas en la reducción de daños.
EL MERCADO ILÍCITO
Expertos legales, como Laura Macherelli del despacho BakerHostetler, anticipan un cambio de rumbo hacia regulaciones más amigables con el sector, priorizando el crecimiento económico sobre las restricciones. Según ella, es probable que la administración federal se oponga a medidas más estrictas como las prohibiciones generacionales del tabaco propuestas en estados como Massachusetts o Hawái.
La eliminación de la propuesta para prohibir cigarrillos mentolados y con sabores, impulsada en la era Biden pero paralizada bajo Trump, refuerza esta nueva dirección. Detrás de la decisión están las preocupaciones por efectos secundarios indeseados, como el fortalecimiento del mercado ilícito y el impacto en comunidades vulnerables.
En el mismo sentido, otras iniciativas como la reducción de la nicotina en los cigarrillos podrían verse afectadas. Críticos como Lindsey Stroud, de la Alianza de Protección de los Contribuyentes, sostienen que medidas así podrían empujar a los consumidores hacia productos no regulados, generando más problemas que soluciones.
Actualmente, la FDA ha sido objeto críticas por su lenta y confusa regulación de nuevos productos de nicotina, lo que ha dejado el campo libre para un mercado negro de vapes desechables. Solo 34 productos de vapeo han sido autorizados, todos con sabores limitados, mientras que cientos de cigarrillos combustibles —más dañinos— han recibido luz verde.
UNA REGULACIÓN EFICIENTE Y CENTRADA
Algunos analistas sugieren que Trump podría revivir la idea de trasladar la supervisión del tabaco fuera de la FDA, hacia una agencia dedicada dentro del Departamento de Salud, lo cual, según defensores de esta medida, permitiría una regulación más eficiente y centrada. Sin embargo, los críticos temen una menor protección de la salud pública y un mayor poder para la industria.
De concretarse ese giro, se espera que el proceso de aprobación (PMTA) se agilice, beneficiando sobre todo a pequeños fabricantes. Aunque el control seguiría siendo estricto, un sistema menos burocrático podría mejorar el acceso legal y la seguridad para los consumidores adultos.
La reducción del vapeo entre jóvenes y el reconocimiento de la FDA sobre la caída de esos índices refuerzan el argumento de quienes promueven políticas basadas en evidencia científica, no en prohibiciones. Jeff Stier, del Consumer Choice Center, cree que es hora de adoptar un enfoque más realista: regular bien para proteger a los adultos y evitar que los menores accedan a productos que hoy ya están prohibidos por ley.
Si Trump cumple con su promesa de «salvar el vapeo», la FDA enfrentará presiones para equilibrar el combate al comercio ilegal con la apertura de vías legales para productos menos dañinos y preferidos por los consumidores.
y luego