En el debate sobre la regulación del vapeo, una confusión semántica persiste: ¿por qué solo algunos vapes se clasifican como “con sabor”? La realidad es que todos los productos de vapeo, sin excepción, tienen sabor. Incluso aquellos que se etiquetan como «sabor a tabaco» o «mentol» contienen aditivos para replicar el gusto de los cigarrillos tradicionales.
Este matiz es más que una cuestión técnica. Tiene implicaciones reales en la forma en que se regulan estos productos. Actualmente, las autoridades sanitarias como la FDA limitan su aprobación a productos de vapeo que imitan los sabores de los cigarrillos, es decir, los de tabaco o mentol. Los dispositivos con sabores frutales, dulces u otros perfiles distintos al cigarrillo enfrentan mayores restricciones o directamente se prohíben.
Algunos expertos plantean que esta clasificación es engañosa y proponen un cambio en la terminología: en lugar de dividir los vapes entre “con sabor” y “sin sabor”, sería más preciso diferenciarlos entre “con sabor a cigarrillo” y “sin sabor a cigarrillo”. Esto reflejaría mejor la composición real de los productos y permitiría un debate más honesto sobre los riesgos, beneficios y estrategias regulatorias.
¿LA POLÍTICA OBSTACULIZA EL ABANDONO DEL TABAQUISMO?
También se podría poner sobre la mesa una pregunta clave: ¿está la política actual obstaculizando el abandono del tabaquismo? Algunos estudios sugieren que los sabores alternativos al cigarrillo pueden ser útiles para quienes buscan dejar de fumar, al romper la asociación entre la nicotina y el sabor clásico del tabaco. Al limitar el acceso a estos sabores, la regulación podría estar haciendo más difícil esa transición.
Además, obligar a que los productos disponibles sepan a cigarrillos podría tener un efecto no deseado: normalizar entre los jóvenes el gusto de los productos tradicionales que tanto se ha intentado combatir.
En definitiva, un ajuste en el lenguaje podría tener un impacto importante en la forma en que entendemos, regulamos y utilizamos el vapeo.
y luego