La Unión Europea avanza en una propuesta que busca imponer impuestos más elevados a los productos de nicotina considerados alternativas al tabaco tradicional. La medida ha generado resistencia entre científicos y defensores de la reducción de daños, quienes advierten que podría dificultar los esfuerzos por disminuir el consumo de cigarrillos en la región.
La iniciativa forma parte de la revisión de la Directiva sobre el impuesto al tabaco, presentada en julio por la Comisión Europea. El plan contempla fijar gravámenes mínimos del 40% a la mayoría de líquidos para vapeo, un 50% a las bolsas de nicotina y hasta un 55% a los dispositivos de tabaco calentado. Además, los Estados miembros tendrían la posibilidad de aplicar tasas aún más altas si lo consideran necesario.
OBJECIONES DE ESTADOS MIEMBROS
La propuesta, que requiere la aprobación unánime de los 27 países de la UE, enfrenta oposición en varias capitales. Portugal manifestó reservas el 1 de agosto, y señaló que los impuestos deben usarse como herramienta de desincentivo, pero diferenciando entre cigarrillos y productos menos dañinos. Grecia, Italia, Rumania y Suecia también han expresado su rechazo.
El gobierno sueco calificó la propuesta como «inaceptable». En ese país, el uso extendido de productos alternativos como el snus y las bolsas de nicotina ha contribuido a que su tasa de tabaquismo sea una de las más bajas de Europa, situándola cerca de alcanzar el estatus de “libre de humo”.
DEBATE SOBRE SALUD PÚBLICA Y FISCALIDAD
Actualmente, la UE registra un 24% de prevalencia de tabaquismo y casi 700.000 muertes relacionadas con el tabaco cada año. El objetivo oficial es reducir el consumo por debajo del 5% para 2040, aunque proyecciones independientes estiman que, al ritmo actual, esa meta podría no alcanzarse hasta 2070 o incluso 2100.
Organizaciones como European Tobacco Harm Reduction Advocates (ETHRA) han advertido que aumentar los impuestos a los sustitutos de menor riesgo limitaría el incentivo económico para que los fumadores migren hacia opciones más seguras. En una carta dirigida a la Comisión, el grupo sostuvo que el plan podría provocar el efecto contrario: que más personas permanezcan en el consumo de cigarrillos convencionales.
La Comisión Europea también contempla un incremento del 139% en el impuesto a los cigarrillos. Sin embargo, críticos de la medida consideran que subir simultáneamente los tributos a los productos alternativos elimina el diferencial de precio que podría impulsar la transición.
RIESGO DE MERCADO ILÍCITO
Otro punto de fricción es el impacto económico. Los impuestos al tabaco suelen recaer en mayor medida sobre sectores de bajos ingresos, que registran las tasas más altas de consumo. Además, el encarecimiento del producto podría favorecer el comercio ilegal. En 2024 se estimaron cerca de 39.000 millones de cigarrillos ilícitos en circulación dentro de la UE, con Francia como caso destacado, donde más de un tercio del tabaco consumido se considera procedente de canales no regulados.
La propuesta también incluye que un 15% de los ingresos fiscales del tabaco sea transferido al presupuesto comunitario, lo que representaría alrededor de una quinta parte de los recursos de la UE. Para algunos críticos, esta medida podría reducir el interés del bloque en acelerar políticas efectivas de reducción del consumo.
MENSAJES CONTROVERTIDOS
En medio del debate, declaraciones de funcionarios europeos han añadido tensión. El comisario de Salud, Oliver Varhelyi, afirmó en redes sociales que los nuevos productos de nicotina presentan riesgos comparables a los cigarrillos. Investigadores y especialistas en reducción de daños calificaron la afirmación de errónea, argumentando que la evidencia científica muestra una menor peligrosidad en comparación con el tabaco tradicional.
El cardiólogo Konstantinos Farsalinos, investigador en Grecia, advirtió que este tipo de mensajes refuerzan percepciones equivocadas entre la población y no se ajustan al principio de políticas basadas en evidencia científica. Según indicó, un grupo de científicos prepara una declaración conjunta para manifestar su oposición a la propuesta ante la Comisión Europea.
El plan aún debe someterse a votación en el Consejo y el Parlamento europeos, un proceso que no se espera antes de 2027. Dado que el consenso entre los Estados miembros es obligatorio, los países que ya han mostrado objeciones tendrán capacidad de bloqueo.
Mientras tanto, el debate se mantiene abierto entre quienes consideran que los impuestos deben aplicarse de manera uniforme a todos los productos de nicotina y quienes sostienen que gravar con fuerza las alternativas al tabaco tradicional comprometería los objetivos de salud pública de la UE.
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