Brasil mantiene una prohibición sobre los cigarrillos electrónicos y el vapeo desde hace años. Sin embargo, su uso no deja de expandirse.
De acuerdo con cifras recientes del Instituto IPEC, el número de usuarios de vapeadores en Brasil se ha multiplicado por seis desde 2018. Esta tendencia evidencia una realidad difícil de ignorar: las restricciones legales no han reducido la demanda, sino que han desplazado el consumo hacia un mercado paralelo sin regulación ni controles sanitarios.
Mientras tanto, el ritmo de reducción del tabaquismo tradicional sigue siendo lento. La disminución anual apenas alcanza los 0,4 puntos porcentuales. A este paso, tomaría décadas lograr una mejora significativa en la salud pública relacionada con el consumo de tabaco.
REGULACIÓN EN LUGAR DE VETO
La experiencia de otros países sugiere que regular puede ser más efectivo que prohibir. En Suecia, la comercialización controlada de productos de nicotina, como cigarrillos electrónicos y bolsas de nicotina, ha contribuido a reducir el tabaquismo diario a menos del 6%. Se prevé que el país alcance el estatus de “libre de humo” en 2025.
En el Reino Unido, el uso del vapeo como herramienta para dejar de fumar forma parte de políticas públicas. Campañas educativas, programas como “Swap to Stop” y un enfoque basado en evidencia han ayudado a reducir la tasa de fumadores adultos del 15,1% en 2015 al 12,9% en 2022.
Japón también ha optado por la regulación. Desde que autorizó productos de tabaco calentado en 2014, las ventas de cigarrillos han caído un 43%, marcando una de las disminuciones más aceleradas a nivel mundial. Nueva Zelanda, por su parte, ha alcanzado niveles históricamente bajos de consumo, con una tasa del 6,8% en 2023, tras adoptar políticas centradas en el riesgo.
En contraste, países como Australia, que mantienen políticas de prohibición estricta, enfrentan una expansión del mercado ilegal. Los dispositivos no regulados, comercializados sin control y en manos de redes criminales, representan una amenaza tanto para la salud pública como para la seguridad.
NUEVA VÍA PARA BRASIL
Persistir en la prohibición podría estar limitando el potencial de Brasil para reducir el daño asociado al tabaquismo. Establecer un marco regulatorio permitiría imponer estándares mínimos de seguridad, controlar la calidad de los productos, restringir el acceso a menores y supervisar la comercialización.
Además, la regulación podría favorecer la equidad en salud. En países donde estos productos están disponibles legalmente, su costo suele ser inferior al de los cigarrillos tradicionales, lo que los convierte en una opción accesible para personas de menores ingresos que buscan dejar de fumar.
La evidencia científica respalda también el potencial del vapeo como herramienta para el abandono del tabaco. Un estudio publicado en 2021 concluyó que los usuarios diarios de cigarrillos electrónicos tienen ocho veces más probabilidades de dejar de fumar que quienes recurren a otros métodos de reemplazo de nicotina.
HACIA UNA POLÍTICA BASADA EN DATOS
Frente al crecimiento del uso y los riesgos del mercado ilegal, Brasil enfrenta un punto de inflexión. Las autoridades pueden optar por mantener una política que, hasta ahora, no ha logrado sus objetivos, o bien explorar alternativas basadas en regulación, evidencia científica y experiencias internacionales.
Adoptar un enfoque más pragmático podría acelerar la reducción del tabaquismo, proteger mejor a los consumidores y generar recursos para políticas de salud pública. La decisión está sobre la mesa.
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