La ciudad de Nueva York ha lanzado una nueva ofensiva contra los productos de vapeo, respaldada por potentes aliados como Bloomberg Philanthropies, la OMS y otras organizaciones financiadas por el exalcalde Michael Bloomberg. Bajo el lema de construir una ciudad “libre de los daños del tabaco”, la campaña busca limitar el uso de cigarrillos electrónicos y otros productos alternativos de nicotina. Sin embargo, expertos y defensores de la reducción de daños advierten que esta estrategia podría tener consecuencias fatales.
El Departamento de Salud de la ciudad anunció recientemente que ha recibido 100.000 dólares en fondos para promover campañas educativas contra el tabaco y la nicotina, incluyendo los vapes. Pero detrás de los anuncios oficiales hay un detalle que muchos críticos consideran peligroso: la narrativa oficial mezcla en un mismo saco al cigarrillo tradicional —responsable de más de 480.000 muertes al año en EE. UU.— y a los productos de nicotina de bajo riesgo, como los vapes, las bolsitas de nicotina y los dispositivos de tabaco calentado, que no han sido relacionados directamente con muertes.
Según los especialistas, el problema no es la nicotina en sí, sino la combustión del tabaco, que libera miles de sustancias tóxicas y cancerígenas. Rechazar las alternativas de bajo riesgo no reduce el tabaquismo, lo perpetúa.
AVANCES SIGNIFICATIVOS
La postura oficial, sin embargo, parece más enfocada en demonizar a la nicotina que en atacar el verdadero problema. En su comunicado, el término “cigarrillos electrónicos” aparece nueve veces, mientras que “cigarrillos”, la principal causa de muerte prevenible, no se menciona ni una sola vez. “Nicotina” se menciona más del doble que “fumar”. Esta desproporción, advierten críticos, refleja un sesgo ideológico más que una estrategia basada en evidencias.
El propio departamento de salud presume que la tasa de tabaquismo entre adultos ha caído del 22% en 2002 al 8% en 2023, un avance significativo. Pero omite señalar que una de las razones principales detrás de esa caída ha sido precisamente el uso de vapes y otros productos menos dañinos.
En lugar de reconocerlo, la ciudad ha intensificado sus operativos: desde mayo de 2024, la llamada “Operación Candillo para Proteger” ha decomisado más de 94 millones de dólares en vapes y productos de cannabis considerados “ilegales”. Y mientras la FDA es la agencia responsable de regular estos dispositivos, Nueva York parece más interesada en cerrar tiendas que en presionar por una regulación efectiva.
POSTURA INFLEXIBLE
La reciente demanda contra distribuidores de vapes con sabores, acusados de atraer a jóvenes con productos como “limonada rosa” o “menta fría”, muestra claramente esta visión punitiva. Pero la realidad es que no solo los adolescentes disfrutan los sabores: para muchos adultos, son precisamente esos sabores los que les han permitido dejar el cigarrillo.
A diferencia de otras áreas de la salud pública, donde Nueva York sí aplica el enfoque de reducción de daños (como en programas de metadona, intercambio de jeringas o centros de prevención de sobredosis), cuando se trata de nicotina, la ciudad adopta una postura inflexible.
El resultado: políticas que terminan fortaleciendo al mercado de cigarrillos tradicionales y eliminando opciones más seguras para los fumadores que buscan dejar el tabaco. Mientras tanto, el poder y la influencia de las organizaciones financiadas por Bloomberg continúan marcando el rumbo, imponiendo campañas globales contra el vapeo que muchas veces ignoran, o directamente rechazan, la evidencia científica.
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