En el marco del Día Mundial Sin Tabaco, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de su Convenio Marco para el Control del Tabaco (FCTC), renovó su ofensiva contra los productos de nicotina al instar a los países a prohibir los sabores, edulcorantes y otros aditivos utilizados en cigarrillos electrónicos y productos similares. El enfoque de este año se centró en cómo estos componentes pueden hacer más atractiva la nicotina, especialmente para los jóvenes.
Bajo el lema “Desenmascarar el atractivo”, la campaña de la OMS destacó que el uso de sabores dulces o frutales puede ocultar el sabor natural de la nicotina, facilitando el inicio del consumo y aumentando el riesgo de dependencia. Para respaldar esta postura, el organismo recuerda que su tratado global permite a los gobiernos aplicar regulaciones estrictas: desde controlar o eliminar aditivos (artículos 9 y 10), hasta restringir la publicidad, exigir el empaquetado neutro, limitar puntos de venta y reforzar la verificación de edad (artículos 13 y 16).
EL TABACO CON SABOR
Actualmente, más de 50 países han adoptado medidas para prohibir el tabaco con sabor. La Secretaría del FCTC busca que estas restricciones también se extiendan a otros productos de nicotina, incluidos los dispositivos y complementos del mercado paralelo. La meta es un control más amplio sobre los entornos donde se permite fumar, la publicidad digital (incluyendo influencers) y las ventas en línea.
Sin embargo, este enfoque ha generado críticas desde sectores que promueven la reducción de daños. Organizaciones como la Coalición de Defensores de la Reducción de Daños del Tabaco en Asia Pacífico (CAPHRA) han manifestado preocupación por lo que consideran una estrategia restrictiva que podría obstaculizar el acceso de los adultos a alternativas menos perjudiciales, como el vapeo o las bolsas de nicotina.
CAPHRA también ha cuestionado el manejo interno de las oficinas regionales de la OMS en el Pacífico Occidental (WPRO) y el Sudeste Asiático (SEARO), solicitando auditorías independientes ante denuncias de ineficiencia, mala gestión financiera y falta de resultados concretos en el control de enfermedades no transmisibles. Según la organización, los fondos asignados —más de 30 millones de dólares en 2024— podrían estar perpetuando estructuras ineficaces si no se implementan mecanismos de supervisión y se incluye a la sociedad civil en el diseño de políticas.
LA TRANSPARENCIA Y LA INDEPENDENCIA
Otra crítica apunta a la posible influencia desproporcionada de actores privados, como Bloomberg Philanthropies, en el diseño de políticas regulatorias en Asia, lo cual ha reavivado el debate sobre la transparencia y la independencia de las decisiones de salud pública.
El dilema que enfrenta la OMS no es menor: cómo proteger a los jóvenes del inicio precoz en el consumo de nicotina sin cerrar el camino a los fumadores adultos que podrían beneficiarse al abandonar el tabaco tradicional. Organizaciones especializadas en cesación y salud pública han señalado que medidas demasiado generales —como la prohibición total de sabores— pueden tener efectos no deseados, empujando a los usuarios hacia el mercado ilegal o de vuelta al cigarrillo convencional.
Modelos alternativos, como los adoptados en el Reino Unido y Suecia, muestran que es posible equilibrar ambas metas. Allí, los sabores están regulados, no prohibidos, y se aplican controles estrictos de calidad, verificación de edad y trazabilidad de ingredientes. Estas políticas han logrado reducir el tabaquismo sin cerrar la puerta a alternativas que ofrecen menos riesgos.
Para avanzar hacia un modelo eficaz, diversas voces coinciden en que la OMS necesita revisar sus estructuras internas, garantizar la independencia de sus decisiones y permitir que grupos de consumidores y expertos en reducción de daños tengan un lugar en las mesas de decisión. Esto permitiría diseñar políticas diferenciadas: prohibir sabores en contextos de alto riesgo para menores, pero mantenerlos disponibles en canales regulados dirigidos a adultos.
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