A medida que el Reino Unido impulsa la prohibición de los vapes desechables, diversos sectores han manifestado su inquietud respecto a los efectos que podría tener esta medida. El gobierno británico reintrodujo recientemente enmiendas a la Ley de Tabaco y Vapes, una propuesta que había sido planteada previamente. Entre los cambios destacan la prohibición de fumar para futuras generaciones, nuevas restricciones para productos de nicotina considerados menos dañinos, como los vapes y las bolsas de nicotina, incluyendo limitaciones en los sabores, empaques y exhibición, así como una prohibición directa de los vapes desechables.
En paralelo, expertos en salud pública y reducción de daños por tabaco defienden la permanencia de los vapes desechables en el mercado, destacando su rol crucial en la ayuda para dejar de fumar. Los dispositivos desechables resultan una opción económica, simple y accesible para quienes buscan alternativas al tabaco convencional, especialmente para aquellos que se inician en el uso de alternativas de nicotina. Sin necesidad de recarga o conocimientos técnicos, estos dispositivos eliminan las barreras que enfrentan los fumadores que intentan abandonar el tabaco, siendo especialmente útiles para adultos mayores y personas de bajos recursos.
RIESGOS PARA LA SALUD PÚBLICA
El informe de ECigIntelligence señala que Cancer Research UK, una entidad de referencia en salud pública, ha alertado sobre el posible impacto negativo de esta prohibición en la percepción de los vapes como herramienta de reducción de daños. La organización advierte que justificar la prohibición en nombre de la protección juvenil podría generalizar la idea de que todos los productos de vapeo son peligrosos, lo cual podría disuadir a los fumadores adultos de adoptar estos dispositivos para dejar de fumar. En este sentido, sugieren que el gobierno británico debe comunicar la menor peligrosidad del vapeo comparado con el tabaquismo, evitando así que los fumadores se sientan desmotivados a cambiar.
Si bien Cancer Research UK no se opone totalmente a la prohibición de los dispositivos desechables, cuestiona su efectividad para reducir el vapeo entre jóvenes. Según la organización, regulaciones alternativas sobre empaques y exhibición podrían ser más adecuadas para controlar el atractivo juvenil de estos productos, sin que el control del vapeo afecte el propósito general de erradicar el tabaquismo. Cancer Research UK también recomienda que, en caso de implementarse la prohibición, se ofrezca apoyo a los jóvenes para dejar el vapeo y se investiguen alternativas que no los lleven de regreso al consumo de tabaco.
Por otro lado, esta organización ha resaltado un aumento en la percepción errónea sobre el vapeo en la población. En 2023, el 23.3% de las personas pensaba que los vapes son más dañinos que los cigarrillos, un aumento significativo desde el 10.8% en 2014. La opinión pública sobre la actuación gubernamental en el control del tabaco también ha decaído, con el 46% de las personas en 2022 considerando los esfuerzos insuficientes, frente al 29% en 2009.
IMPACTO EN GRUPOS VULNERABLES
La Alianza Mundial de Vapeadores (WVA) también ha cuestionado la prohibición, señalando que tendría repercusiones desproporcionadas en los sectores más vulnerables de la sociedad. Michael Landl, director de la WVA, calificó la medida como «un ataque imprudente a la reducción de daños», advirtiendo que podría restringir el acceso a alternativas más seguras para los fumadores, empujar el mercado hacia la ilegalidad y perjudicar en mayor medida a las personas de menores ingresos.
Investigaciones de la University College London y el King’s College London respaldan esta perspectiva, indicando que una prohibición podría ralentizar el avance en la disminución de tasas de tabaquismo, afectando a los 2,6 millones de vapeadores británicos que recurren a estos dispositivos para mantenerse alejados de los cigarrillos. Otros estudios destacan que los vapes desechables ayudan a reducir las tasas de tabaquismo al ser una alternativa eficaz en la reducción de daños, y que el vapeo en general ha demostrado ser casi el doble de efectivo que las terapias tradicionales de reemplazo de nicotina, como parches o chicles.
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