Mientras Islandia y la Unión Europea avanzan con regulaciones más estrictas sobre la nicotina, Suecia responde con una defensa firme de su enfoque basado en la reducción de daños.
Las políticas sobre el control del tabaco y la nicotina están generando fuertes divisiones en Europa. En las últimas semanas, tanto Islandia como la Unión Europea han impulsado medidas que han despertado la preocupación de expertos en salud, asociaciones empresariales y organizaciones de consumidores. Aunque el objetivo declarado es proteger a la población, especialmente a los jóvenes, las propuestas han sido cuestionadas por su posible impacto negativo en los adultos que buscan alternativas menos dañinas al tabaco tradicional.
ISLANDIA ENDURECE SU LEGISLACIÓN
En junio, el gobierno islandés presentó un proyecto de ley que busca reorganizar y reforzar la normativa sobre productos de tabaco y nicotina. Entre las principales medidas se incluye la prohibición de sabores en las bolsas de nicotina, el empaquetado genérico, la eliminación de la venta en línea y un régimen de licencias más estricto para los puntos de venta físicos. También se contemplan sanciones económicas para quienes incumplan los controles de edad.
La iniciativa provocó una reacción inmediata. Al cierre del período de consultas públicas, se habían recibido casi 200 respuestas, muchas de ellas cuestionando el enfoque del gobierno. Los opositores advierten que limitar el acceso a productos alternativos y eliminar los sabores podría empujar a los usuarios de vuelta a los cigarrillos tradicionales, lo que significaría un retroceso en los esfuerzos para reducir el consumo de tabaco.
Las principales organizaciones empresariales del país han manifestado que el proyecto no distingue adecuadamente entre el tabaco combustible y las opciones sin combustión, como las bolsas de nicotina. Además, consideran que los criterios para prohibir sabores son demasiado amplios, lo que genera incertidumbre en el mercado. La recomendación general es que el gobierno opte por políticas educativas y regulatorias en lugar de prohibiciones totales.
Pese a las críticas, la Inspección de Salud de Islandia ha respaldado el proyecto y sostiene que es un paso necesario para evitar el inicio temprano del consumo de nicotina entre menores. El Parlamento debatirá la propuesta en los próximos meses.
TENSIÓN EN BRUSELAS POR UN POSIBLE AUMENTO DE IMPUESTOS
En paralelo, la Comisión Europea evalúa nuevas fuentes de financiación para el presupuesto del bloque entre 2028 y 2034, una de las cuales incluye el aumento de los impuestos sobre productos de tabaco y nuevas formas de consumo, como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado y las bolsas de nicotina.
La propuesta ha generado resistencia, especialmente desde Suecia. La ministra de Finanzas, Elisabeth Svantesson, se ha pronunciado en contra del plan, advirtiendo que penalizaría injustamente productos como el snus blanco, ampliamente utilizado en su país. Suecia mantiene una de las tasas de tabaquismo más bajas de Europa y atribuye gran parte de ese éxito al uso de alternativas sin combustión.
Svantesson también ha señalado que un aumento generalizado de los impuestos podría afectar la autonomía fiscal de los Estados miembros y debilitar las estrategias nacionales de salud pública. Suecia ha optado por tratar las alternativas de nicotina como herramientas para la reducción de daños, en lugar de como amenazas que deben ser eliminadas del mercado.
El país nórdico no está solo en su rechazo. Otros Estados miembros, como Italia, Grecia, Rumanía y Bulgaria, también han expresado inquietudes sobre la equiparación del tabaco tradicional con productos de menor riesgo. Temen que los aumentos fiscales disuadan el uso de estos productos por parte de fumadores que buscan dejar el cigarrillo, y que incentiven la aparición de mercados ilegales.
EL DEBATE SOBRE REDUCCIÓN DE DAÑOS SE INTENSIFICA
Las decisiones que se están tomando en Islandia y Bruselas reflejan un punto de inflexión en las políticas europeas sobre el tabaco. Mientras algunos gobiernos promueven restricciones generales sobre todos los productos de nicotina, otros insisten en que es necesario distinguir entre el tabaco combustible y las opciones menos perjudiciales.
El objetivo común sigue siendo evitar el consumo entre menores. No obstante, distintos actores advierten que políticas como la prohibición de sabores, la restricción de productos y el aumento de impuestos podrían ser contraproducentes si no van acompañadas de una estrategia clara para apoyar a los fumadores adultos en su transición hacia productos menos dañinos.
La clave, según estos sectores, está en encontrar un equilibrio que proteja a los jóvenes sin limitar el acceso de los adultos a herramientas que puedan ayudarlos a abandonar el cigarrillo. La discusión continúa, y las decisiones que se tomen en los próximos meses definirán el rumbo de la política europea sobre el tabaco y la nicotina.
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